La crisis humanitaria desatada en Ceuta y Melilla a fines de julio tiene una explicación predominante que supera a cualquier hojarasca geopolítica. La desesperación de miles de jóvenes marroquíes. No es una foto aislada de la situación socioeconómica que explotó en la única vía de entrada por tierra a la Unión Europea desde África. Es una secuencia histórica que se reproduce hace décadas. Por su volumen, el drama se multiplicó. Alrededor de 60 mil migrantes cruzaron las fronteras cuando en 2021, la última oleada había tenido 8 mil. Pero además, la avidez de las extremas derechas globales por agitar la xenofobia, dentro y fuera de España, hizo su papel y lo seguirá haciendo. La sombra de gobiernos como los de Trump y Netanyahu, dos criminales de guerra, oscurece la dilucidación de un problema que tiene varios actores protagónicos. Estados Unidos, la UE, Israel y los países del Magreb, con el reino de Marruecos como protagonista clave y ariete del conflicto.


