Con el 2 a 0 abajo, a uno le pareció que Messi se sacaba la cinta de capitán y le decía a Scaloni que lo cambiara. Está bien —pensó uno—, un buen gesto. ¡Qué boludo! Mirá si Messi se va a ir; lo tenían que matar para sacarlo. No le salía una gambeta, tiraba centros que quedaban cortos y parecía una caricatura de sí mismo. Pero no se estaba sacando la cinta, la estaba ajustando (“aquí está el capitán”, debe haber dicho) y se fue a jugar bien a la derecha, al lado de ese wing en el que se había convertido Montiel. Se fue para enderezar el barco e iniciar la remontada.



