La carencia de políticas públicas y el deterioro del vínculo comunitario están provocando una profunda crisis entre los jóvenes, marcada por problemas de salud mental, escasez de oportunidades y una visión pesimista del futuro.

Expertos advierten que la ausencia de intervención estatal y la fragmentación del tejido social generan un entorno hostil para la juventud, donde la inseguridad económica y la falta de perspectivas laborales se convierten en factores de riesgo para la salud psicológica.

Jóvenes que viven esta realidad comparten sus testimonios, señalando que la falta de apoyo institucional y la pérdida de redes de apoyo comunitario alimentan una sensación de abandono y desesperanza que dificulta su desarrollo personal y profesional.