
En el marco del Día del Fonoaudiólogo, la fonoaudióloga infantil Luz Carricavuro explicó cuáles son los principales signos de alarma en niños y remarcó la importancia de la estimulación temprana. También advirtió sobre el impacto del exceso de tecnología en el desarrollo infantil.
En el marco del Día del Fonoaudiólogo, Central de Noticias dialogó con la licenciada en Fonoaudiología Infantil Luz Carricavuro, quien se refirió al trabajo terapéutico con niños que presentan trastornos del lenguaje, del habla y de la comunicación, además de remarcar la importancia de la detección temprana y el acompañamiento familiar.
Carricavuro contó que se recibió en 2021 en el Instituto Santo Tomás de Olavarría y luego completó la licenciatura en la Universidad FASTA de Mar del Plata. Si bien comenzó atendiendo adultos, actualmente se dedica a la terapia de lenguaje en niños.

La profesional explicó que el lenguaje “es una habilidad a nivel cognitivo” vinculada tanto a la comprensión como a la expresión y que también involucra funciones ejecutivas como la memoria y la atención.
En ese sentido, indicó que las dificultades suelen aparecer cuando los niños presentan problemas para comprender textos, procesar consignas u órdenes simples o retener información a corto plazo. En relación con los trastornos del habla, señaló que muchas veces están asociados a problemas en la articulación de sonidos y fonemas, como ocurre con la pronunciación de la letra “R”.

“Si bien el lenguaje es una cuestión cognitiva e innata, se requiere de una estimulación” explicó. Además, detalló algunos signos de alarma que pueden detectarse desde edades muy tempranas. Explicó que un bebé de seis meses debería mantener contacto visual, presentar sonrisa social y reaccionar ante estímulos sonoros. “Son prerrequisitos del lenguaje”, afirmó.
Asimismo, indicó que a los dos años se espera un vocabulario aproximado de 50 palabras y advirtió que un niño de cuatro años al que “no se le entiende” puede presentar un trastorno del lenguaje: “Algunos niños tienen un vocabulario muy escaso, hablo de 5 o 10 palabritas” explicó.

También remarcó que, en los casos más severos, las dificultades comprensivas aparecen desde edades muy tempranas y requieren evaluación, derivaciones y tratamiento específico.
La especialista puso especial énfasis en el rol de las familias y la necesidad de recuperar espacios de interacción cotidiana con los niños. “La interacción con los papás es donde se desarrolla el lenguaje, es volver a lo simple”, expresó.

Entre las recomendaciones y en relación a la imitación de los niños hacia los padres, mencionó establecer rutinas en el hogar, como poner la mesa, que vayan asociando cada objeto con cada palabra o también pueden ser las rutinas del baño y las partes del cuerpo.

“Es muy importante la estimulación y la presencia fundamental de la familia, el volver nuevamente a estar con la infancia y conectar. Más ahora con el tiempo de la tecnología que por ahí no se está el tiempo entre los padres con los chicos” remarcó la especialista.
Sobre la actualidad, Carricavuro se refirió al impacto de la tecnología en la infancia. Indicó que el uso excesivo de pantallas genera dificultades para sostener actividades como juegos de mesa o dinámicas que requieren tiempos de espera y tolerancia a la frustración.

“Los tiempos son distintos, el ganar, el perder, el atractivo que no es inmediato, entonces se nota mucho cuando se trabaja en casa. Recomiendo de a poquito ir reduciendo la tecnología. A los nenes se les genera una frustración muy grande y hasta conductas agresivas, porque donde hay dificultad del lenguaje o donde no pueden expresar lo que quieren, se refleja directamente en lo conductual” comentó.

Asimismo, explicó que la tecnología produce altos niveles de dopamina y que, en cerebros aún inmaduros, esto puede derivar en conductas adictivas. “En la tecnología no está la parte humana: la mirada, las emociones, el timbre de la voz”, sostuvo.
“En nuestro caso, hablando de adultos, es en un cerebro maduro. En un cerebro que no está maduro todavía, esos grandes niveles en realidad de dopamina no saben cómo procesarlo, entonces genera adicción en los niños” explicó.

Sobre las consultas particulares, la profesional agregó que muchos casos llegan por antecedentes familiares, derivaciones escolares o indicaciones pediátricas. En ese marco, destacó el rol de los docentes para detectar señales de alerta en el desarrollo del lenguaje.
“ A las maestras siempre se les dice que son las que tienen las antenitas y se dan cuenta cuando no hay un desarrollo típico, entonces también a veces la escuela hace un llamado a los padres. Por último, puede ser una derivación desde una consulta de pediatras” indicó.

Sobre el tratamiento, la profesional explicó que “varía según cada niño y también según el compromiso de cada familia. La terapia no es sólo los 45 minutos, es después la práctica en el hogar”.
“Cuando no hay práctica en la casa, se empieza a dilatar el tiempo de poder dar el alta, Si no hay compromiso, se dificulta ahí el avance. Cuando hay un trastorno del lenguaje podés tener años de estar con un niño” agregó.
También consideró que actualmente existe una mayor visibilidad sobre estos trastornos, que antes muchas veces eran confundidos con falta de interés o dificultades de aprendizaje.
“Ahora hay más visibilidad de nuestro rol y se habla más. Antes quizás pasaban hasta desapercibidos, eran los niños vagos, o el niño que no era aplicado; y en realidad, seguramente la mayoría de esos casos era porque había una dificultad comprensiva, por eso también es importante que esté atenta no solamente a las familias, sino también a la escuela” reflexionó al respecto.

Carricavuro expresó que lo que más disfruta de su profesión es acompañar tanto a los niños como a sus familias durante el proceso terapéutico y observar la evolución de los pacientes.
“Disfruto mucho la evaluación con los chicos porque son muy ocurrentes y muy espontáneos, por ahí le estás preguntando una consigna de la evaluación y te salen con cada respuesta que vos no podés creer. Ahí tenés que disimular un poco la risa o que inventan palabras que la hacen más difícil de lo que en realidad es la palabra” contó entre risas.

Asimismo, subrayó: “Me encanta acompañar mucho a las familias, a veces también no es todo color de rosas. A muchas familias se les dificulta también el aceptar o el entender que hay un niño con un trastorno de lenguaje. Ahí siempre uno intenta hacer una derivación a psicología, a veces no se toma muy bien estas derivaciones, pero bueno, son necesarias para que ellos empiecen con este proceso”.
Por último, remarcó que en su trabajo disfruta de “ver cómo los chicos comienzan a evolucionar, a salir adelante con las dificultades que venían. Son un niño cuando ingresan y otro niño cuando salen y sobre todo cuando tienen el alta. También los niños empiezan a elevar su autoestima, porque cuando empiezan a ver que pueden resolver, que pueden leer, que pueden comprender, ellos también se dan cuenta del progreso”.

fuente: cdenoticias.com



