El dinero que les queda a los hogares después de cubrir sus gastos fijos se redujo en un 25% durante los últimos diez años.
En la última década, la capacidad de gasto de las familias ha experimentado una caída significativa, perdiendo una cuarta parte del ingreso disponible que les queda una vez satisfechas las obligaciones básicas.
Este descenso se debe a la combinación de salarios estancados, aumento de los costos de vida y una mayor presión de los gastos fijos, lo que ha dejado a los hogares con menos margen para consumir y ahorrar.



