
A pesar de la amenaza para la seguridad, se permitió a periodistas y otras personas volar en el avión presidencial mientras Trump era evacuado rápidamente escondido en un contenedor de catering para ser trasladado a otro avión.
Trump se escondió en un contenedor de catering para tomar un vuelo secreto ante una amenaza de Irán
Los demócratas pidieron el martes que se celebrara una sesión informativa en el Congreso sobre una sorprendente farsa en la que Donald Trump fue trasladado en secreto en un contenedor de catering a otro avión distinto al que el público y la prensa creían que estaba utilizando. Los críticos se preguntan ahora por qué se había engañado deliberadamente a los periodistas y al público.
Cuando los servicios de inteligencia estadounidenses supuestamente detectaron una amenaza creíble de que Irán planeaba asesinarlo el mes pasado, Trump abandonó el Air Force One en un camión de catering, un episodio del que informó por primera vez el Washington Post y también el New York Times. Mientras el presidente salía a escondidas por la puerta lateral del avión, más de un centenar de asesores, funcionarios y periodistas permanecieron a bordo para volar hacia Gran Bretaña, sin que se les informara de que sus vidas corrían peligro.
“Parece que la idea era que podíamos reducir el peligro para el presidente Trump ofreciendo a unas 100 personas para que los iraníes las mataran en su lugar”, afirma Steven Cash, director ejecutivo de Steady State y antiguo agente de inteligencia de la CIA y asesor principal de la división de inteligencia del Departamento de Seguridad Nacional.
Trump confirmó el martes que cambió de avión en secreto, pero afirmó que el avión en el que finalmente voló era aún más vulnerable que el Air Force One. “De hecho, creo que el avión en el que volé corría un mayor riesgo”, declaró Trump a los periodistas. “Creo que corría un mayor riesgo porque ese sería el avión al que, en mi opinión, tendrían más probabilidades de atacar”.
“Bueno, eso depende exclusivamente del Servicio Secreto. Yo solo sigo lo que ellos quieren hacer, así que me atengo a lo que digan el Servicio Secreto y el Ejército”, añadió Trump.
Richard Blumenthal, senador demócrata por Connecticut, calificó en la CNN la operación de “sin precedentes y surrealista” y “verdaderamente aterradora”. “Tiene que haber una sesión informativa en el Congreso, porque no solo afecta a la seguridad del presidente”.
“Quiero saber qué medidas de seguridad se tomaron para garantizar que todos los pasajeros de ese Air Force One —que se consideró demasiado peligroso para que el presidente volara en él— estuvieran a salvo, y qué medidas se tomaron para garantizar la seguridad del personal y de los periodistas que viajaban en ese avión”.
La Casa Blanca había anunciado públicamente que el presidente volaría a Gran Bretaña a bordo del Air Force One, aunque se trataría de una versión más antigua en lugar del nuevo avión regalado por Qatar. En realidad, Trump subió al avión presidencial ante las cámaras de televisión, para luego ser trasladado en secreto, unos minutos más tarde, a un C-32A de las Fuerzas Aéreas.
El engaño fue tan elaborado que los periodistas que viajaban con el presidente —y algunos miembros del personal de la Casa Blanca— creyeron que Trump seguía a bordo del Air Force One. Se ordenó a los periodistas que mantuvieran bajadas las persianas de sus ventanas durante el vuelo.
El C-32A en el que viajaba Trump voló hasta la base de la RAF en Mildenhall, en Gran Bretaña, donde aterrizó sobre las 22:20 h. El antiguo Air Force One y el grupo de periodistas que le acompañaba llegaron unos minutos más tarde. A continuación, los fotógrafos captaron a Trump bajando del avión presidencial, al parecer tras haberse subido en secreto a él.
A continuación, Trump saludó a las tropas en la base antes de subir a bordo del Boeing 747 recién renovado, donado por Qatar, y poner rumbo a Washington.
Esto es muy inusual e indica que disponían de información muy fiable sobre una amenaza y que no confiaban en el avión en el que él viajaba
James Jeffrey
— exembajador de EEUU en Turquía y asesor adjunto de seguridad nacional
Ned Price, exadjunto del embajador de EE.UU. ante la ONU, afirmó que no reprochaba a ninguna Casa Blanca que tomara medidas extraordinarias para proteger al presidente, pero que la actual Administración había perpetuado una “mentira descarada” durante semanas y había convertido a los periodistas en “cómplices involuntarios”.
Price, exasesor especial del presidente Barack Obama en el Consejo de Seguridad Nacional, añadió: “Había una forma de hacerlo sin necesidad de mentir. Podrían haber recurrido al grupo de periodistas que acompañaban al presidente en el viaje, quienes, estoy seguro, habrían accedido de buen grado a no informar sobre ciertas medidas de seguridad”.
“Una vez que todo hubiera terminado y el presidente estuviera a salvo en el Reino Unido o de vuelta en la base aérea de Andrews, podrían haber dicho: ”Esto es lo que hicimos y esta es la razón por la que lo hicimos“”, añadió Price. “Pero no sienten ningún remordimiento por la verdad. No sienten ninguna lealtad hacia la verdad. En cambio, lo único que han hecho durante el último mes ha sido mentir y engañar”.
Los periodistas también expresaron su preocupación. Jake Tapper, presentador de la CNN, tuiteó: “Obviamente, la vida del presidente es lo más importante, y otras administraciones anteriores han recurrido al engaño para protegerla. Pero ninguno de los funcionarios con los que hablé había oído hablar nunca antes de utilizar un AF1 lleno de personal de la Casa Blanca y periodistas como señuelo ante una amenaza inminente”.
Por su parte, José Zamora, director regional para las Américas del Comité para la Protección de los Periodistas, afirmó que el Gobierno tenía la responsabilidad de garantizar que los periodistas no se vieran expuestos a peligros innecesarios. “Se debe informar a los periodistas de las amenazas de seguridad fiables para que puedan tomar decisiones fundamentadas sobre su seguridad”, señaló. “La transparencia debe ser la norma para cualquier Gobierno, especialmente cuando está en juego la seguridad”.
Quiero saber qué medidas de seguridad se tomaron para garantizar que todos los pasajeros de ese Air Force One —que se consideró demasiado peligroso para que el presidente volara en él— estuvieran a salvo, y qué medidas se tomaron para garantizar la seguridad del personal y de los periodistas que viajaban en ese avión
Richard Blumenthal
— senador demócrata
Esta revelación arroja nueva luz sobre una decisión repentina que ya había suscitado dudas sobre la seguridad del avión catarí. Trump había volado en el jet recién renovado hasta la cumbre de la OTAN —su primer viaje internacional—, pero anunció de forma inesperada que, en su lugar, utilizaría el antiguo Air Force One en la primera etapa de su viaje de vuelta.
En aquel momento, Trump afirmó que el nuevo avión se estaba trasladando a Mildenhall para que las tropas estadounidenses allí estacionadas pudieran inspeccionarlo. Posteriormente, The New York Times y CBS News informaron que responsables de los servicios de inteligencia habían expresado su preocupación por un posible atentado contra Trump o su avión, en medio de la escalada del conflicto con Irán.
Durante la cumbre, el ejército estadounidense estaba llevando a cabo importantes ataques contra Irán, lo que aumentaba el temor a una represalia iraní. El nuevo relato sugiere que la amenaza se tomó más en serio de lo que se creía inicialmente.
No todo el mundo está convencido de que la amenaza justificara lo que ocurrió a continuación. “Desde la perspectiva iraní, llevar a cabo un intento de ataque contra el avión presidencial a esta profundidad sería extremadamente inverosímil; requeriría la presencia de operadores clandestinos muy cerca del objetivo, equipados con sistemas antiaéreos portátiles”, afirma Ankit Panda, investigador principal Stanton del programa de política nuclear de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. Panda señala que no estaba claro que hubiera existido una amenaza específica y creíble dentro de la propia Turquía, aunque el servicio de seguridad presidencial suele planificar sus medidas teniendo en cuenta las “incógnitas conocidas”.
“Irán no dispone de misiles tierra-aire capaces de alcanzar un avión que despegue de Ankara”, afirma Jeffrey Lewis, investigador distinguido del Instituto de Investigación en Política Exterior. Irán podría, en teoría, alcanzar a un avión en la pista con un misil balístico, señaló, “pero eso parece muy improbable”. Su hipótesis: a los responsables estadounidenses les preocupaba “un ataque de tipo terrorista con un sistema de defensa antiaérea portátil”, como el QW-12 o el FN-16 de fabricación china, o una versión norcoreana del Igla ruso.
James Jeffrey, exembajador de Estados Unidos en Turquía y asesor adjunto de seguridad nacional bajo el mandato de George W. Bush, que actualmente es investigador distinguido del Washington Institute —una institución proisraelí—, sostiene que el secretismo en torno al traslado de Trump a otro avión apuntaba a que la amenaza se basaba en información de inteligencia seria.
“Esto es muy inusual e indica que disponían de información muy fiable sobre una amenaza y que no confiaban en el avión en el que él viajaba”, afirma Jeffrey, que cuenta con una amplia experiencia viajando a bordo del Air Force One.
Jeffrey cree que la información podría proceder de Israel, que cuenta con amplias capacidades de inteligencia centradas en Irán. Aunque los responsables israelíes a veces tratan de “no solo informar, sino también influir” en la política estadounidense, cree que no se arriesgarían a inventarse una amenaza que pusiera en peligro la seguridad del presidente.
“No se tomarían a la ligera algo tan serio como la seguridad del presidente”, dice Jeffrey, y añade que cualquier advertencia de ese tipo llevaría al Gobierno de EE.UU. a verificar la información de inteligencia, recabar más datos sobre la amenaza y hacer un seguimiento de la misma“.
El propio Trump pareció insinuar esas preocupaciones de seguridad cuando los periodistas le preguntaron por qué se les había ordenado mantener las persianas cerradas. “Probablemente estén en un vuelo peligroso”, dijo. “Pero si yo voy, ustedes también. ¿No es así?”
Cuando más tarde se le preguntó si había habido una amenaza iraní creíble contra el Air Force One, Trump respondió: “Bueno, recibo amenazas constantemente. Soy el número uno en su lista, por delante de ustedes”.
No obstante, la operación suscitó dudas sobre la decisión de engañar a la prensa y a la opinión pública, sobre todo después de que la Casa Blanca siguiera manteniendo la coartada.



