La morosidad en el pago de créditos ya alcanza a 5,3 millones de personas y golpea con especial fuerza a los sectores más jóvenes, en un escenario marcado por dificultades para acceder al empleo formal, salarios que aún no recuperan plenamente el poder de compra y una creciente dependencia del financiamiento para sostener el consumo cotidiano. Los datos muestran que el 26,9 por ciento de quienes mantienen algún tipo de deuda registran atrasos superiores a los 90 días.