El proceso económico ejecutado por el gobierno de Milei no sólo destruyó industrias y eliminó empleos, sino que además demolió formación profesional, técnica y hasta empresaria, de quienes migraron del sector manufacturero o se vieron convertidos en importadores. Más grave es el caso del sistema científico y técnico, con el alejamiento de investigadores de distintos organismos especializados y científicos desplazados de empresas nacionales de ciencia y tecnología. Este daño al entramado productivo y a las capacidades laborales del capital humano es quizás una de las peores herencia que dejará el actual proceso político económico, tanto por el impacto sobre las posibilidades de desarrollo, como por los años que demandará recomponer el tejido productivo (físico y humano) destruido.