La esperada llegada del Papa León XIV genera una intensa actividad entre autoridades, partidos y la jerarquía eclesiástica, en medio de una profunda crisis social y advertencias sobre el uso político de la religión.

El anuncio del viaje del pontífice ha puesto en marcha una serie de coordinaciones entre el Ejecutivo, la oposición y los obispos, quienes buscan equilibrar la solemnidad del evento con la crítica situación de pobreza que afecta al país.

Los mensajes pronunciados por el líder de la Iglesia en sus recientes recorridos por Europa subrayan la necesidad de evitar la instrumentalización de la fe, una alerta que resuena en el actual clima de polarización y debate público.