El horror, el dolor, el amor

La periodista Carolina Fernández adaptó Putamadre junto a Tere Donato. Es una novela de autoficción en la que cuenta el sufrimiento que le provoca la detención de su hijo. ¿Qué ocurre cuando la maternidad “sale mal”? La obra de teatro a dos voces se estrena en una de las salas de Dumont 4040, el viernes 2 de octubre.

Al alambrado lo coronaron con unas púas. Cada cierta cantidad de metros, al tejido metálico lo sostiene una columna de cemento. Nadie podría imaginar un escape. O sí. Ahí está el hijo; afuera, la mamá. Baja la pizarra para anunciar la próxima escena del rodaje Alguien pregunta -sólo se ven las botas del milico- y Carolina responde: “es la historia de Santiago”. El joven se encuentra con ella y se abrazan.

“Cuando lo miro de afuera pienso que fue un delirio. Ahora lo están filmando”, se ríe él. Sentado, confecciona una lista: yerba, prepizza… ¿Me pasás la toalla? El cámara filma. “Me estás preguntando cosas raras y no sé qué responder”. El joven, tatuaje en el rostro, pelo cortísimo, da una pitada y el humo le tapa la cara. “Tengo la mejor mamá del mundo”, le dicta Carolina. “Ella quería que diga eso, qué estúpida”, se vuelve a reir.

Ésta y otras escenas audiovisuales serán el telón de fondo de Putamadre, la adaptación al teatro de la novela de auto ficción que la actriz, escritora y periodista Carolina Fernández publicó después de que su hijo fuera detenido. Pasaron cinco años y muy pronto el público podrá asistir a la puesta, que se estrena en una de las salas de Dumont 4040, con coguionada por Tere Donato (Mi vida anterior) y dirigida por Felicitas Kamien.

En el derrotero de aceptación radical en el que la madre intenta sostener a un hijo al que el horror lo alcanzó demasiado pronto y un hijo que sobrevive a una madre que desea morir se expresan las fallas de un sistema que expulsa a quienes no encajan. Caro y Santi inventan un universo, en los bordes del escenario, de las internaciones, de la cárcel.

“Decidí contar mi historia por supervivencia y porque desde el arte encuentro la manera de demostrar los pliegues, sombras y lo enloquecedor que es el sistema no sólo para alguien que tiene dificultades en la maternidad”, me cuenta esta colega y compañera de oficio. “Cada vez que a los periodistas nos cuentan una historia en primera persona vemos que las fallas las provocan un engranaje oxidado. Somos bichitos enredados en una telaraña bestial y a veces irreversible”.

La ironía y el humor están presentes en la pieza. Con la autoficción se borran los límites entre realidad y fantasía. “Me hace bien ponerle el cuerpo a una historia que es dolorosa. Tenemos momentos de felicidad con mi hijo y el vínculo. Él me despierta cada día diciéndome Buen día, te amo. Es lo que nos tocó, aunque por momentos nos caemos”.

Dirigir esta obra fue muy particular, no había tenido experiencia con un biodrama, en el que los protagonistas interpretan la obra. El desafío era y es enorme, inédito. Me concentré en lograr que esa materialidad del relato tuviera potencia teatral“, cuenta Felicitas Kamien, la directora. ”Intenté no meter sus vidas como espectáculo, que la ficcionalidad estuviera por delante. La premisa del recorrido fue obtener una textura y temperatura teatral“.

“Mi trabajo es maniobrar, manejar, entender, administrar la energía de las personas. La actuación está muy viva con sus cuerpos, emociones, intelectos a flor de piel. Acá, en la narración y el contacto escénico, están muy presentes sus vidas, el color y la crudeza. Hay un desafío en la construcción: la verdad, con matices de ficción. Esta fue una invitación a encontrar el lenguaje por encima de lo real. Este menjunje con el que coqueteé en los ensayos tiene un resultado”.

Al escribir la novela, Fernández le leyó algunos capítulos a su hijo. “Lo necesitábamos porque tiene lo difuso de la autoficción, Santi me hacía devoluciones, preguntaba, me decía lo que sí y lo que no … Yo participo porque quiero tener un proyecto con vos, me dijo. Te quiero ayudar a cumplir tu sueño de actuar. También hago esto por él, porque le puede ayudar. Nos divertimos y creamos, con el deseo de uno salvar al otro, aunque no hay víctimas ni victimarios. Nos ofrecemos a corazón abierto con todas las idas y vueltas, en el torpe intento de rescatarnos”.

Se encontraron en el arte, en el juego, con una nueva manera de estar cerca en un contexto muy duro. “Que esté privado de su libertad desde hace cinco años es tremendo, no tendría que estar preso. Pero está bien, en una unidad modelo con un pabellón que está quedando lindo, con talleres literarios, de trabajadores… La escenografía la hicieron en el de herrería. Santi es un buen líder, arma equipo, ahora arrancan con sublimación y macetas de cemento, talleres aprobados por el servicio penitenciario. Ellos conviven en celdas pequeñas con mucha gente y generan códigos y cuero, es muy complejo, aunque lo logran. Lo van a ver en la obra. No estoy sola en la obra, está mi hijo y se van a despejar todas las dudas”.

Kamien admite que el proyecto le quita el sueño. “Apenas empecé a leer el texto me interpeló muy directamente con relación a la maternidad, lo vincular, el lazo. Se disparó toda la humanidad con todos sus colores y se cuestiona la moralidad. Nunca terminamos de entender qué esta bien o mal, quién tuvo la culpa, a quien queremos, a quien condenamos. Estamos zigzagueando, es incómodo para el que mira, no es ni estático ni conocido. Como artista es muy atractivo atravesar esos lugares”.

“Cuando empezamos a trabajar la llamé a Tere y me dijo que la actriz tenía que ser yo. Claudio Plano, alguien muy sensible y con una visión de empresario, la quiso producir. En principio pensé en mi amiga Sofía Gala como protagonista, porque es la mejor y conoce a Santi desde chiquito. Sofía es un mujer bella y rota, como muchas, y es una contestataria. Le ve los hilos al sistema y también le cuesta el mundo. Santi, con su sonrisa, me dijo que le gustaba ser el coprotagonista. Pedí los permisos y avanzamos en la filmación. Con Feli se me abrió el mundo, pese al miedo volví al escenario, me sentí segura. Me preguntaba: ¿seré muy mala actriz? Es una espinita que todavía tengo”.

LH/MF