Miller propone una redefinición del concepto de salud mental. La nueva definición no puede comprenderse sino articulada a la dimensión del orden público. El criterio más evidente es la reducción de la pérdida de la salud mental a la perturbación del orden social, lo que desplazaría la cuestión del campo estrictamente clínico hacia el dominio de la regulación de la convivencia colectiva. Así, la salud mental estaría vinculada a la capacidad del individuo de circular socialmente, respetar normas y mantenerse inserto en un circuito que garantizaría su integración a la comunidad.



