El irreversible proceso de declinación de la hegemonía global del imperio estadounidense no es tan solo una cuestión económica o tecnológica. Semejante reduccionismo impediría calibrar en toda su magnitud las múltiples dimensiones de este lento pero inexorable ocaso. Es también una cuestión militar: la imposibilidad de ganar guerras, continuamente resaltada por los analistas de ese país y ratificada en estos días por el revés experimentado por Washington (y sus compinches en Tel Aviv) en la guerra contra Irán.