El hecho que conmueve al país y que no se trata de una muerte, sino de exactamente lo contrario, produce desde el viernes a la mañana que cualquier análisis de otro tema asome empalidecido. Y está bien esa sensación. Nos recuerda, nos interpela, nos provoca, acerca de todo lo que hay debajo, o por encima, de las disquisiciones de escritorio.


