En tiempos en que casi todo parece susceptible de ser medido, clasificado y optimizado, el psicoanálisis vuelve a formular una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con aquello de la experiencia humana que no entra en una planilla de cálculo? Desde los algoritmos que organizan el consumo y los vínculos hasta los protocolos que regulan la salud, la educación o la gestión pública, la lógica de la cuantificación avanza sobre territorios que durante mucho tiempo estuvieron atravesados por el relato, la interpretación y la singularidad.