No se trata solo de empecinamiento, ni aquello de “no me van a torcer el brazo”. Es otra cosa de mayor densidad política y cultural. Es una cuestión de poder. Claro que se despliegan presiones de propios y opositores de acuerdo con sus visiones e intereses específicos, pero Milei y su hermana (el eje principal del Gobierno) decidieron no exponer su imagen pública a la derrota política. Esa es la causa principal de lo que está en juego en la actual coyuntura. Sin embargo, no hace falta transitar por los meandros de la psicología para observar que la omnipotencia propia de Milei se desbarrancó hacia su opuesto: una impotencia política frustrante que lo conduce al ensimismamiento.



