El Indio se fue y Cristina hace un año que está presa, confinada al domicilio de San José 1111, en la Ciudad de Buenos Aires. Una vez más, las variantes de sexualidad y muerte de Freud planteadas en El caso Signorelli y en su metapsicología de la primera tópica se reeditan en lo social, en el plano abyecto y extenso de las relaciones de lo humano con el contexto y la época. ¿De qué modo estas dos figuras mitológicas podrían regalarnos esa extraordinaria relación con la vida que suponen sexualidad y muerte? Por una parte, respecto de que producen efectos multiplicadores en lo social que hemos visto en la masividad común, en la pasión, en los contextos de las plazas y las calles, y también en la esperanza que despiertan en estas épocas oscuras de capitalismo ciego, abordado por el mundo totalitario y por los personajes fascistas que lo representan a nivel global. Por otra parte, son las pasiones indelebles respecto de que aun ante la muerte deseamos profundamente que no haya degradación absoluta de lo humano, que tenga su límite, su propio límite, y que ese límite no es la muerte de las religiones ni la otra vida prometida en paraísos o cielos eternos, sino la del corte en lo simbólico que propone un reordenamiento para todos nosotros.