A fines de los setenta, Trigémino era una banda para entendidos. Sus recitales dentro del circuito de rock progresivo/sinfónico argentino todavía son recordados por quienes pudieron presenciarlos. Como el baterista Fernando Samalea, que por entonces era un adolescente. “Corría la primavera de 1979 y, a través de una agenda, me enteré de que ese sábado tocaría Trigémino. ¡Iría como fuese! Eran lo mejorcito del rock elaborado”, escribió en Qué es un longplay, el primer volumen de sus memorias. El grupo también recibió elogios y recuerdos de distintos referentes, como Ricardo Mollo, Lito Vitale, Pipo Lernoud, Emilio Del Guercio, Osvaldo Favrot y Richard Coleman, que en un video difundido por Instagram el mes pasado los describió como una de las bandas favoritas de su adolescencia.



