Los océanos de la Tierra son inmensos y, sin embargo, a menudo parecen invisibles. Tuvimos que salir al espacio para darnos cuenta de que el elemento que define nuestro planeta no es la tierra, sino el agua. El programa Apolo llevó al hombre a la Luna, pero creo que su logro más importante fue permitirnos ver el planeta Tierra. Dos de las fotografías más influyentes de la historia cambiaron nuestra perspectiva para siempre: “Salida de la Tierra”, tomada en 1968 durante la misión del Apolo 8, y “La canica azul”, tomada en 1972 durante la misión del Apolo 17. Después de verlas ya no podemos olvidar ni las imágenes ni su significado, la frágil esfera azul suspendida en el cosmos, con todo lo que conocemos a bordo. No obstante, incluso entonces, el océano se vio como el lienzo sobre el que se dibujaba la tierra, el vacío entre los grandes continentes y un misterio que probablemente podía esperar hasta que resolviéramos los asuntos importantes. Cincuenta años después del programa Apolo, los seres humanos por fin hemos empezado a prestar la debida atención a lo que hay dentro de esas vastas extensiones azules. Ya era hora. Aun así, aquellas expediciones al espacio nos proporcionaron el punto de partida necesario: un mapa en blanco que debíamos rellenar.