El horror cinematográfico nunca pasa a mejor vida, solo aparenta su muerte. Simula estar malherido o haber caído en batalla, pero siempre resucita. La lección es transparente cuando se recorre la historia del cine: el género tuvo varios momentos de retracción y falta de imaginación, pero nunca dejó de reinventarse para volver al frente con fuerza. Los últimos años han sido de relativo interés para el cine de terror, con notables picos e inevitables mesetas, y esta temporada en particular fue testigo del imprevisible éxito de dos largometrajes dirigidos por personas en principio ajenas al medio cinematográfico. Backrooms, de Kane Parsons, y Obsesión, de Curry Barker –óperas primas de jóvenes y populares youtubers que dieron el paso a la gran pantalla– señalaron una incipiente tendencia que bien podría ser una moda pasajera o todo lo contrario. El caso de Insaciable, que llega a las salas de cine argentinas el jueves 13 luego de presentarse, a comienzos de este año, en los festivales de Sundance y Berlín, es diferente. Se trata del tercer largometraje de la directora nacida en Estados Unidos, pero criada en Australia, Natalie Erika James, practicante del género fantástico y regiones aledañas desde su ópera prima Relic: Herencia maldita (2020).