“¿A dónde puedo llevar esto?”, pregunta con cierto desespero un motorizado que lleva a sus espaldas una bolsa negra identificada con una frase escrita con marcador color negro en un papel, que dice: “Esto es ropa para niños”. De inmediato, un señor le da la dirección de uno de los 44 centros de acopio que fueron habilitados este viernes en Venezuela, no sólo para recibir donaciones para las víctimas de los terremotos, sino también para convertir la conmoción nacional en solidaridad activa. Fue una emoción contenida que tenía que salir; que debía demostrarse en acción concreta ante la tristeza profunda de una población que recién asimila que lo sucedido es una tragedia que ya lleva, al menos, 920 muertos e incontables desaparecidos.