La inteligencia artificial acapara titulares por sus modelos, inversiones astronómicas y despidos masivos. Pero hay un insumo del que depende todo lo demás y del que se discute poco y nada: la electricidad. Los centros de datos donde se entrenan y funcionan estos sistemas ya consumen el 4,5 por ciento de la electricidad de Estados Unidos, y podrían llegar al 17 por ciento en 2030. En Virginia, el principal polo de datos del mundo, ya se llevan la cuarta parte de la energía. La robótica y la automatización que vienen detrás van a multiplicar esa demanda.



