En mayo de 2026 el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, dijo que el país tiene “una tradición muy laicista, pero a veces hemos despreciado el rol que cumple la espiritualidad (…) el tema adicciones lo trabajan mejor las iglesias que el Estado”. Orsi no sólo ejerció el salto dialéctico de asociar A con X (propio de las sectas), sino que el discurso es consistente con la Ilustración Oscura, para nada espiritual.


