
Jonathan Kreiss-Tomkins empezó en política a los 13 años, en la primera campaña presidencial que utilizó Internet, y fue elegido diputado a los 23. Es músico, corrió ultramaratones y midió un volcán en los Andes. Ahora, a los 37 años, es el favorito en un estado donde ningún demócrata gana desde 1998.
La primera vez que entrevisté a Jonathan Kreiss-Tomkins, tenía 14 años y ya llevaba un año trabajando para una campaña presidencial desde una isla de Alaska. Este martes, a los 37 años, es el favorito para convertirse en gobernador del estado. Si gana, será el primer demócrata en conseguirlo en casi tres décadas y la persona más joven en ocupar el cargo.
En nuestra primera conversación, a fines de 2003, todavía no existía Facebook. Pero desde Sitka, una localidad de 8.000 habitantes en una isla agreste del sudeste de Alaska, con una computadora de escritorio, un módem y la rudimentaria conexión telefónica a Internet de la época, el adolescente había construido la principal red de apoyo a Howard Dean, el demócrata progresista que aspiraba a ser candidato contra George W. Bush en las elecciones de 2004.
Aquel chico había empezado a interesarse por la política a los 12 años, durante una actividad escolar, y hasta se sabía los nombres de los fiscales generales de cada estado. Estudió a los candidatos de las primarias y se inclinó por Dean, exgobernador de Vermont, por su temprana oposición a la invasión de Irak.
Kreiss-Tomkins, conocido por sus iniciales JKT, se convirtió así en uno de los referentes de la primera campaña de recaudación de fondos y movilización por Internet. Al principio, mientras trabajaba como voluntario a distancia desde la otra punta del país, nadie en la campaña sabía qué edad tenía, pero su eficacia lo hizo conocido. Uno de sus colegas en la sede central de Vermont recuerda que, cuando empezó a trabajar para Dean, cada vez que surgía un problema la respuesta solía ser: “Vamos a preguntarle a JKT”.
Howard Dean perdió aquellas primarias demócratas frente a John Kerry, pero aquella ciberrevolución política sentó las bases para la primera campaña presidencial de Barack Obama, cuatro años después.
La contraportada de El Mundo el 15 de diciembre de 2003.
Un estado diferente
Alaska, un estado de 700.000 habitantes y una superficie más de tres veces mayor que la de España, está geográficamente aislado del resto de Estados Unidos y reivindica un espíritu libertario e independiente, diferente del resto del país. Sus habitantes llaman the lower 48 (“los 48 estados de más abajo”) a los otros estados.
Sus políticos suelen sorprender a sus propios partidos nacionales, pero Alaska vota por el candidato republicano en todas las elecciones presidenciales desde 1968. En ese estado, Donald Trump le ganó por 13 puntos a Kamala Harris hace dos años. En los cargos estatales hubo más variedad de afiliaciones políticas y la Legislatura local funciona con una coalición. Pero, si gana este martes, Kreiss-Tomkins será el primer gobernador demócrata elegido desde 1998.
Es el candidato que más donaciones individuales ha recibido en Alaska, la mayoría de menos de 100 dólares
Su juventud en el ejercicio de cargos públicos y su curiosidad por la tecnología se mantuvieron a lo largo del tiempo. En 2012 se presentó, con 23 años, como candidato a diputado de la Cámara de Representantes de Alaska y ganó por 32 votos frente a un republicano veterano. Todavía en la Legislatura, en 2020, junto con un antiguo colega de la campaña de Dean, construyó uno de los primeros mapas de seguimiento de la evolución del COVID en Estados Unidos.
Ahora se postula a gobernador frente a tres candidatos republicanos. En el sistema electoral de Alaska, los cuatro candidatos más votados en las primarias abiertas pasan a las elecciones generales, donde los votantes pueden ordenar sus preferencias. En agosto, Kreiss-Tomkins quedó primero en las primarias, en las que compitieron 17 candidatos de los partidos Republicano y Demócrata, además de independientes. La última encuesta de The New York Times le da una ventaja de ocho puntos sobre su principal rival republicana, Bernardette Wilson, en el recuento final, que considera la primera y la segunda opción de los votantes.
El actual gobernador, el republicano Mike Dunleavy, ya no puede volver a presentarse por el límite de mandatos y es el político que ocupa ese cargo con la imagen más negativa del país.
La carrera
La campaña de Kreiss-Tomkins recaudó más de 4,7 millones de euros entre febrero y octubre, más que sus tres rivales republicanos juntos.
El candidato destaca que es quien más donaciones individuales recibió en Alaska, en su mayoría de menos de 100 dólares. También recibió aportes de decenas de miles de donantes que viven fuera del estado, principalmente en California y Nueva York, algo que sus críticos cuestionan. Entre las contribuciones que despertaron sospechas están las de empleados de Anthropic, la empresa de inteligencia artificial. Kreiss-Tomkins se defiende y sostiene que es el único candidato que propone una moratoria para la construcción de centros de datos en Alaska hasta que exista una regulación integral sobre el desarrollo de la inteligencia artificial.
Una de las ideas que más repite durante la campaña es que su método para resolver problemas es “el consenso” y que su eventual gobierno incluirá a personas de distintos sectores.
“Desde luego, Alaska no fue inmune a la polarización que vimos en todo el país. Pero lo que distingue a Alaska es que somos un estado pequeño y la gente tiende a conocerse. No tenemos el lujo de permitir que la política partidaria nacional determine cada decisión que tomamos. Todos nos preocupamos por lo mismo: el costo de la energía, el futuro de las escuelas y si nuestros hijos podrán construir una vida acá”, me dice Kreiss-Tomkins este lunes, mientras la votación ya está en marcha.
Alaska no ha sido inmune a la polarización que hemos visto en todo el país. Pero lo que hace diferente a Alaska es que somos un estado pequeño, y la gente tiende a conocerse. No tenemos el lujo de dejar que la política partidista nacional dicte cada decisión que tomamos
Jonathan Kreiss-Tomkins
— Candidato a gobernador de Alaska
El candidato a vicegobernador que le acompaña está registrado como independiente y la campaña consiguió el apoyo de la senadora republicana de Alaska Lisa Murkowski, una de las pocas críticas de Trump en su partido. También respaldó a Kreiss-Tomkins el exgobernador republicano y padre de Lisa, Frank Murkowski, en un artículo junto al último gobernador demócrata y a otro independiente.
Jonathan Kreiss-Tomkins, candidato a gobernador de Alaska.
Alaska tuvo representantes demócratas en el Congreso, aunque fueron la excepción. Este año, el estado puede definir qué partido tendrá la mayoría en el Senado. La candidata demócrata, Mary Peltola, tiene una leve ventaja en las encuestas, pero su campaña quedó envuelta en una controversia por el supuesto apoyo a otro candidato cuyo nombre es casi idéntico al de su rival republicano, Dan Sullivan.
The New York Times reveló los vínculos de activistas demócratas con una maniobra electoral que Peltola asegura desconocer. El Departamento de Justicia de Donald Trump llevó el caso a los tribunales para impedir que se certifique el resultado si gana la candidata demócrata. Una jueza rechazó la demanda este domingo, pero el Gobierno federal pretende apelar. La disputa podría terminar en la Corte Suprema y también tener consecuencias en la oficina del gobernador. Si gana, Kreiss-Tomkins asumirá el cargo el 7 de diciembre.
“La elección al Senado atrajo, sin duda, mucha atención nacional, pero nosotros estamos haciendo nuestra propia campaña, centrada en los temas de Alaska”, dijo Kreiss-Tomkins a elDiario.es cuando le preguntaron por el impacto de la controversia. También sostuvo: “Desde el principio fui claro en que creo que las elecciones deben ser justas, transparentes y estar decididas por los votantes de Alaska”.
Las elecciones deben ser justas, transparentes, y estar decididas por los votantes de Alaska
Jonathan Kreiss-Tomkins
— candidato a gobernador de Alaska
Los últimos 23 años
Cada vez que hablé con él a lo largo de los últimos 23 años, Kreiss-Tomkins estaba haciendo algo sorprendente.
Después de la campaña de Dean, se fue a estudiar Ciencias Políticas a la Universidad de Yale. Durante esos años, se apasionó por la escalada. Una de sus obsesiones era medir las dos cumbres del volcán activo más alto del mundo, el Nevado Ojos del Salado, y determinar cuál era la más alta: la argentina o la chilena. Su conclusión fue que la argentina superaba a la chilena por 32 centímetros.
Corría maratones, tocaba el bajo y el violonchelo en la Filarmónica de Yale y todavía soñaba con trabajar en Centroamérica. En 2010, terminó segundo en una de las carreras más exigentes del país, el ultramaratón Coyote Two Moon, una prueba de 100 kilómetros por las montañas del sur de California. Solo ocho corredores llegaron a la meta. Kreiss-Tomkins lo hizo en 17 horas y 27 minutos; el tercero llegó casi una hora después.
En 2022 decidió no presentarse a la reelección y fundó Outer Coast, una organización dedicada a la educación superior en Sitka, y un programa de becas para que los jóvenes se quedaran en Alaska
En la primavera de 2012, dejó Yale poco antes de terminar la carrera para volver a Sitka y lanzarse a la campaña por una banca en la Cámara de Representantes de Alaska. El Partido Demócrata del estado se lo propuso una semana antes del cierre del plazo para presentarse a una elección difícil, frente a un republicano con muchos años de trayectoria. En la universidad, muchos ni siquiera conocían su pasado como pionero de la política en Internet.
Fue legislador durante diez años en la Cámara de Representantes de Alaska. Después de ganar en 2012, fue reelegido otras cuatro veces con cerca del 60% de los votos en su distrito pesquero, incluso durante una fuerte ola conservadora.
En 2022, decidió no buscar otro mandato y se alejó de la primera línea de la política partidaria. Fundó Outer Coast, una organización dedicada a la educación superior en Sitka, y creó un programa de becas para que los jóvenes se quedaran en Alaska, uno de los grandes desafíos del estado. Durante los últimos meses de la administración Biden, trabajó para una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York, dedicada a las políticas públicas de ciencia y tecnología. Pero quería seguir viviendo en Alaska. Se mudó de Sitka a Anchorage, la ciudad más poblada del estado, con unos 300.000 habitantes.
En 2024, como ocurre casi en cada elección presidencial, volvimos a hablar. Kreiss-Tomkins estaba entonces dedicado a la campaña de Dan Osborn, un mecánico y dirigente sindical que se presentó como candidato independiente al Senado por Nebraska y desafió el predominio republicano. Quería ayudar a un político poco habitual en un estado rural y marcadamente republicano, no muy distinto de Alaska. Osborn perdió en 2024, pero este martes vuelve a intentarlo en una elección para un escaño en la que no se presentan candidatos demócratas, que respaldan su campaña, y que también puede definir el control del Senado.
Hasta el Círculo Polar
Ahora Kreiss-Tomkins está calvo y más corpulento, pero todavía se vislumbran rasgos de aquel chico cuidadoso con las palabras, reservado y amable —hoy diríamos intenso— que no se despegaba de su computadora para construir bases de datos de potenciales votantes y que cumplió el sueño de sus vacaciones de Navidad: conseguir dinero para cruzar el país y hacer campaña en las primarias demócratas.
La política y la tecnología cambiaron mucho en estas dos décadas, pero él sigue aplicando buena parte de lo que aprendió en su primera campaña: la movilización por Internet, pero también el contacto directo, puerta a puerta, especialmente en los lugares más remotos. En Alaska, esto exige un esfuerzo extra por las limitadas opciones de transporte para llegar a localidades que no están conectadas por carretera. Más del 80% de las comunidades del estado solo son accesibles por aire o por mar. Las tormentas de nieve y el hielo reducen todavía más las posibilidades.
“Una lección que perdura de la campaña de Howard Dean es la importancia de centrar la campaña en la gente e impulsarla con la energía de las bases. Howard lo hizo entre 2002 y 2004, y nosotros intentamos seguir haciéndolo a nuestra manera más de 20 años después”, cuenta.
En 2026, se organiza a través de WhatsApp, con un grupo grande que en la campaña llaman superpod, para que voluntarios y activistas se coordinen en un estado enorme y también puedan “colectivizar el impulso, el buen clima y la energía”. Después, se trata de llegar a cada rincón.
La semana pasada, en las últimas horas de campaña, Kreiss-Tomkins se sumó a un viaje de más de 800 kilómetros con un camionero desde Fairbanks, la segunda ciudad del estado, hasta Deadhorse, un asentamiento petrolero en el Ártico, al norte del círculo polar, que tiene apenas 25 residentes permanentes y una población flotante de unos 2.000 trabajadores. Dice que quería conocer de primera mano una de las peores rutas del estado, la que llega hasta allí, y escuchar los problemas de las comunidades de la zona.
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Recorrió un tramo en trineo ártico, arrastrado por una motonieve, como hacen habitualmente los vecinos de la zona. Él asegura que se sintió “muy cómodo” en el trineo y que sobre todo es la manera más eficaz de moverse en la Alaska rural en invierno. Aquella noche se quedó de cháchara hasta la madrugada con una pareja que ya le había votado. Quería escuchar sus historias e insistir en que importan.
Una lección duradera de la campaña de Howard Dean es la importancia de centrar la campaña en la gente e impulsarla con la energía de las bases
Jonathan Kreiss-Tomkins
— Candidato a gobernador de Alaska
Sus campañas siempre se caracterizaron por recorrer un kilómetro más. Durante años, aprovechaba los viajes del ferry que transportaba el correo para visitar pueblos que apenas tenían conexión con el exterior. A menudo tenía que pasar la noche en el sillón de alguien porque no había forma de volver a Sitka. También seguía en contacto por Internet con algunos de aquellos vecinos. Muchos no tenían domicilio físico, pero sí una página de Facebook.
Kreiss-Tomkins dice que desde que lanzó su campaña, en febrero, recorrió más de 56.000 kilómetros en Alaska, el equivalente a una vuelta y media a la Tierra.
En verano, viajó más de 700 kilómetros en una pequeña embarcación por el río Yukón, que atraviesa el estado, para llegar a aldeas remotas donde nunca había estado un candidato a gobernador.
El factor Trump
Pese a la tensión en esta campaña, Kreiss-Tomkins insiste en que Alaska es diferente del resto del país y reivindica el espíritu de cooperación que él mismo vivió como diputado. Asegura que “no es fan” del presidente, pero trabajará de “manera pragmática” con Trump para defender los derechos de los alaskeños en peligro, como el derecho de voto y el derecho al aborto.
“JKT es un joven alaskeño con una visión y una perspectiva que Alaska necesita ahora”, dijo Murkowski, la senadora republicana, hace unos días. “Nuestro futuro es demasiado importante para dejarnos paralizar por las divisiones partidistas. Jonathan entiende que gobernar requiere escuchar a personas con distintas perspectivas”. Trump describió a Murkowski como “la peor senadora” y “una vergüenza”.
JKT supo aprovechar una pequeña oportunidad cuando apenas tenía 13 años y consiguió convertirla en algo con verdadero impacto. Estoy segura de que hará lo mismo en Alaska
Zephyr Teachout
— excandidata a gobernadora de Nueva York
Kreiss-Tomkins propone reducir la dependencia del fondo que distribuye entre los residentes de Alaska un dividendo anual financiado con los ingresos del petróleo y mantener presupuestos equilibrados. Busca así destinar más recursos a educación, invertir en energías renovables y ayudar a las pequeñas comunidades pesqueras de un estado donde los precios de los bienes básicos están entre los más altos del país, al igual que los del combustible, solo superados por los de Hawái. La protección de las lenguas indígenas y la oposición a las corporaciones pesqueras de fuera de Alaska son algunas de sus principales propuestas.
Wilson, la empresaria respaldada por Trump y su principal rival republicana, lo define como un “radical” y un “socialista encubierto” que solo quiere “subir los impuestos”.
La campaña para gobernador no fue tan agresiva como la del Senado, pero sus adversarios se burlaron del demócrata por disfrazarse de mujer mayor durante una actividad organizada por un grupo indígena local, que le había pedido que diera “consejos de tía”. Kreiss-Tomkins no suele responder a los ataques y habla de “desacuerdo respetuoso” con Wilson.
El legado de Dean
Este miércoles de madrugada, cuando se conozcan los primeros resultados en Alaska, un grupo de personas que vive lejos de ese estado seguirá con interés personal la elección a gobernador. También lo harán desde Vermont, a más de 4.000 kilómetros.
Las “hazañas” de JKT como político, pero también como corredor, montañista o músico, todavía tienen un aura mítica entre quienes participaron en la campaña de Howard Dean, hoy dispersos entre la tecnología, la política y la academia.
“¡Es tan emocionante seguir su campaña para gobernador!”, me comentaba en septiembre Garrett Graff, historiador y, hace dos décadas, jefe de prensa internacional de aquella campaña en Burlington, Vermont. Como muchos de los que participaron entonces, le mandó mensajes a Kreiss-Tomkins. Algunos sueñan con reunir a aquel grupo muy joven que inventó nuevas formas de hacer campaña hace más de dos décadas.
“JKT supo aprovechar una pequeña oportunidad cuando apenas tenía 13 años y consiguió convertirla en algo con verdadero impacto. Estoy segura de que hará lo mismo en Alaska”, me decía hace unos días Zephyr Teachout, que trabajó en la campaña de Dean y años después fue candidata a gobernadora de Nueva York. “Me acuerdo de aquellas increíbles hojas de cálculo a las que JKT dedicó tantísima energía. Es maravilloso imaginarlo llevando todo eso a la gobernación de Alaska”.
Kreiss-Tomkins me cuenta ahora que habló con Howard Dean hace unos meses y que Dean fue uno de los primeros en hacer una donación a su campaña. “Fue un momento maravilloso de ”el círculo se cierra“”.



