La final de Córdoba le quedó a medida a este tipo de campeonatos en los que hay más emoción y dramatismo que fútbol, en los que no siempre ganan los más poderosos y en los que pueden festejar un título los más humildes, los que no estaban en los planes de nadie, como Platense, como Estudiantes, que en su momento había entrado por la ventana, como Tigre, Colón y Central. Antes, pocos creían en Belgrano. Y nadie o casi nadie creía en la hazaña cuando solo quedaban cinco minutos para el final y River mandaba en el marcador y en el juego. Pero la mano de Rivero, que River reclamará hasta el día del juicio final, el remate desde los 12 pasos de Uvita Fernández y el doblete en un remate pifiado torcieron la historia.