Hagamos una breve historia para situar el tema. Freud colocó a la abstinencia y a la neutralidad como un fundamento ético y técnico del dispositivo. Planteó al respecto dos cuestiones. Una, que el analista no debe satisfacer las demandas afectivas del paciente sustituyendo sus síntomas por gratificaciones inmediatas, evitando dar satisfacción pulsional al paciente para que este pueda desplegar sus asociaciones, recuerdos y deseos en el marco de la transferencia. Principios con los que entiendo coincidimos todos los psicoanalistas. La segunda cuestión que se planteó fue cuidarse de no pretender dirigir la vida del paciente aplicando sus propios valores y juicios y mantenerse imparcial frente a las opiniones de este. Ambas reglas técnicas dan eticidad a nuestra labor.