Elegir una canción favorita es imposible. Parafraseando a Heráclito, nunca escuchamos dos veces de la misma manera, de modo que aquella canción de la que no nos desprendíamos durante días, meses o años, de pronto desaparecía del radar y chau, si te escuché, no me acuerdo. Todo ancla en la memoria, que, como sabemos, está llena de caprichos. ¿Una canción? ¿Una sola? Pero, ¿es que acaso me acuerdo de todas las canciones que escuché? Y si así fuera, ¿cuál sería el criterio para elegir una? ¿Una que escuché a los diez años, junto a mi abuelo, en el viejo Winco? ¿Alguna escuchada muchas veces en la Spika que me habían regalado? ¿La que formó parte de la historia de mi primer amor? ¿O del segundo, o el tercero? Y así. Elegir es imposible.



