El lugar en el que vivo se divide en clanes de chinos que dominan a las familias occidentales. Somos esclavos repartidos entre distintas familias: mi mujer por un lado, mis hijos por otro. El grupo al que pertenezco es de tipo mafioso. Los varones deciden nuestro destino en reuniones herméticas. Nos maltratan con miradas de asesino, gritos y golpes que anulan cualquier intención de palabra o escape.