Las bombas sacuden el mundo, los cerdos vienen por nuestros hermanos y hermanas y, aunque la audacia del día que ilumina no calienta las tripas ni el garguero, transcurre el tiempo entre mundos que nacen y mueren con la misma gracia que nos mean desde balcones floridos que despiden olores a mierda, esa infinita mierda que nos rodea y contamina al respirar.