El colectivo indie abandona la electrónica para retomar sus raíces acústicas, marcando una transición de vulnerabilidad a optimismo en su último disco.

Tras centrarse en sonidos electrónicos en sus producciones anteriores, la banda ha optado por regresar a instrumentos más orgánicos, incorporando guitarras, piano y percusión en vivo.

Este giro estilístico se percibe como una búsqueda de mayor calidez y esperanza, reflejando una evolución artística que busca conectar de forma más directa con su audiencia.