Con el perfume amable de la torta asada primero, con el olor punzante de la pirotecnia después, con su plaza Pringles atestada de gente y hastío, la otra Rosario –la que anda sin oropeles– gritó ayer su rechazo a la visita del presidente Javier Milei y su séquito, y marcó la paradoja de que la hiciera por el Día de la Bandera: “¡Justo este cipayo viene a hablar de Belgrano!”, despreciaron desde el escenario montado en la puerta de la Bolsa de Comercio.