El asesor llega a la Casa Rosada custodiado por un agente de inteligencia.

El organismo de inteligencia ya cerró sus oficinas en Formosa y Corrientes y avanza sobre Tucumán y Rosario. El plan contempla una drástica reducción de agentes y genera un fuerte malestar interno. La reestructuración, anticipada por elDiarioAR en mayo, coincide con la entrada en vigor de un estatuto que promete reclutar espías "despolitizados".

La Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) está atravesando una de las mayores purgas de su historia reciente. El organismo que conduce Cristian Auguadra, bajo el control político de Santiago Caputo, avanza con el desmantelamiento de sus delegaciones provinciales y una reducción masiva de personal que ya provoca un profundo malestar entre los agentes de carrera. La reestructuración, que elDiarioAR había anticipado en mayo, dejó de ser un proyecto para convertirse en una realidad: ya hay oficinas cerradas, agentes desplazados y exámenes que, según denuncian dentro del organismo, están siendo utilizados para determinar quiénes conservarán sus puestos y quiénes quedarán afuera.

El ajuste se profundiza en el contexto del operativo que permitió sacar a Flávio Bolsonaro de Brasil a través de la Triple Frontera, una maniobra que involucró a la SIDE y que tuvo como protagonista al propio Caputo. El asesor presidencial, que pretende convertir la central de inteligencia en una suerte de CIA argentina, impulsa ahora una transformación que busca concentrar recursos en operaciones estratégicas y contraespionaje, es decir, en la detección y neutralización de amenazas extranjeras. La paradoja es que, mientras La Casa aspira a ganar protagonismo internacional, está desarmando buena parte de la presencia territorial que durante décadas le permitió mantener agentes desplegados en todo el país.

Santiago Caputo y Flávio Bolsonaro.

Santiago Caputo y Flávio Bolsonaro.

Según pudo reconstruir elDiarioAR a partir de fuentes vinculadas al sistema de inteligencia, las delegaciones de Formosa y Corrientes ya fueron cerradas, mientras que las de Tucumán y Rosario atraviesan el mismo proceso. De todas las delegaciones distribuidas a lo largo y a lo ancho del país, la conducción pretende conservar apenas cuatro. En las oficinas que todavía funcionan también se están produciendo reducciones de personal que, en algunos casos, alcanzan a tres de cada cinco agentes.

La purga incluye, además, un mecanismo que genera especial preocupación entre los empleados: la realización de exámenes y evaluaciones cuyos resultados están siendo utilizados para definir su continuidad dentro del organismo. Entre los espías circula la sospecha de que las pruebas funcionan como una herramienta para darle cobertura administrativa a una decisión que ya está tomada. La sensación predominante es que no se trata de determinar quiénes están mejor preparados para cumplir sus funciones, sino de encontrar la manera de reducir una estructura que la conducción considera demasiado grande.

Las cifras que manejan las fuentes consultadas permiten dimensionar la magnitud de la transformación. La estructura afectada cuenta con alrededor de 500 empleados y el plan contempla el desplazamiento de unos 300 agentes, con el objetivo de reducir posteriormente la dotación hasta aproximadamente 130 efectivos a nivel nacional.

La sede central de la SIDE, en 25 de Mayo 11, a metros de la Casa Rosada.

La sede central de la SIDE, en 25 de Mayo 11, a metros de la Casa Rosada.

Para los agentes más antiguos, el antecedente inevitable es lo ocurrido durante el gobierno de Fernando de la Rúa. En 2000, bajo la conducción de Fernando de Santibañes, La Casa atravesó una profunda reestructuración, enmarcada en el ajuste del gasto público, que incluyó el despido de más de 1.000 agentes civiles y la rescisión masiva de contratos. Aquella experiencia dejó una marca duradera entre los espías de carrera. Más de un cuarto de siglo después, el recuerdo vuelve a circular por los pasillos del organismo, esta vez bajo un gobierno que hizo de la reducción del Estado una de sus principales banderas.

Los nuevos espías “despolitizados”

Mientras la SIDE avanza con el cierre del área de Interior, cuyas tareas de seguimiento territorial deberían quedar exclusivamente en manos de la inteligencia criminal que funciona bajo la órbita del Ministerio de Seguridad, la conducción ya prepara a quienes deberán integrar la nueva estructura. El próximo 1 de enero entrará en vigor el nuevo estatuto del personal de inteligencia, aprobado mediante el Decreto 1021/2026, que promete modificar de raíz las condiciones de ingreso, formación y desarrollo profesional dentro del organismo.

La renovación también alcanzó a la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), que tendrá un papel central en el nuevo esquema. Después de varias semanas de incertidumbre, finalmente se oficializó la salida de Juan Bautista “Tata” Yofre, quien fue reemplazado por el coronel retirado Daniel Esteban. El cambio de autoridades responde a la reorganización impulsada por el titular de la SIDE, Cristian Auguadra, que responde políticamente a Caputo, y busca convertir a la escuela en la principal puerta de entrada al sistema de inteligencia argentino.

La intención es dejar atrás el funcionamiento que tuvo la ENI durante buena parte de este año, cuando su actividad estuvo concentrada en cursos de geopolítica y estrategia, para recuperar su función como centro de formación de agentes. El ingreso de nuevo personal por esa vía había quedado prácticamente congelado y ahora la conducción pretende establecer una carrera profesional con mecanismos de selección, capacitación y especialización. La referencia es el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), encargado de formar a los diplomáticos argentinos, aunque adaptado a las particularidades del trabajo de inteligencia.

La Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), ubicada sobre la calle Libertad, en el barrio porteño de Retiro.

La Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), ubicada sobre la calle Libertad, en el barrio porteño de Retiro.

El primer paso será una convocatoria pública prevista para diciembre, que se difundirá mediante anuncios radiales y publicaciones en redes sociales. La decisión tiene algo de llamativo para una actividad acostumbrada a desenvolverse lejos de la exposición pública: la SIDE saldrá a buscar futuros espías mediante campañas abiertas de reclutamiento. Según el esquema diseñado por la nueva conducción, los aspirantes serán identificados durante las primeras evaluaciones mediante números, en lugar de sus nombres y apellidos, para reducir la influencia de vínculos personales, familiares o políticos. La selección concluirá con entrevistas individuales.

Para 2027 está prevista una primera capacitación de aproximadamente cuatro meses, de la que se espera que egresen unos 50 agentes, como publicó en primera instancia Emiliano Russo en Clarín. El curso inicial incluirá materias básicas de inteligencia y contrainteligencia, y quienes obtengan los mejores resultados podrán continuar con una carrera de especialización. El objetivo es formar perfiles de acuerdo con las necesidades del organismo, con especial atención a los analistas, considerados una pieza central de la estructura que Santiago Caputo pretende construir.

Santiago Caputo en la cena anual de la Fundación Libertad de 2025.

Santiago Caputo en la cena anual de la Fundación Libertad de 2025.

El discurso oficial insiste en que la reforma permitirá profesionalizar la actividad y terminar con la discrecionalidad que históricamente caracterizó al ingreso a los servicios de inteligencia. La SIDE habla de incorporar agentes “despolitizados”, seleccionados por sus capacidades y no por sus contactos. Pero esa promesa convive con una reestructuración que está siendo ejecutada desde la conducción política del organismo y que, antes de que empiece a regir el nuevo estatuto, ya está dejando afuera a buena parte de los agentes.

Entre los espías afectados, la desconfianza es profunda. No cuestionan solamente la reducción de personal, sino también el sentido de una renovación que promete eliminar las influencias políticas mientras concentra cada vez más poder en el círculo del asesor presidencial. La pregunta que circula puertas adentro es si los nuevos concursos servirán para construir profesionales independientes de los gobiernos de turno o para reemplazar a los agentes actuales por otros más cercanos a quienes hoy manejan la SIDE. “Quieren poner a los de ellos”, sentenció un experimentado hombre de inteligencia, que sigue de cerca la purga y pidió mantener su identidad en reserva.

PL/CRM