La tuberculosis avanza en Argentina y alertan que algunos indicadores retrocedieron 45 años: "Está muriendo más gente"

Los casos aumentan desde 2020 y los diagnósticos en chicos revelan contagios en adultos que no fueron detectados. El Gobierno eliminó la coordinación nacional del programa y la partida de prevención llegó a abril sin ejecución. Pobreza, hacinamiento en paradores y tratamientos que no se completan agravan el escenario.

La Argentina cuenta con pruebas que detectan la tuberculosis en dos horas y un tratamiento gratuito de seis meses que permite curarla. Sin embargo, algunos indicadores de la enfermedad, como los casos en chicos y las fallas terapéuticas, volvieron a niveles similares a los de comienzos de los años 80, durante la dictadura. Así lo señala un estudio presentado en el 54° Congreso Argentino de Medicina Respiratoria, que analizó la enfermedad entre 1980 y 2025. El retroceso se produce mientras el Estado nacional redujo su estructura de coordinación y la partida específica para prevención y control llegó a abril sin ejecución.

“Hoy tenemos una capacidad de intervención mucho mayor: pruebas moleculares, casi 580 centros de diagnóstico, profesionales formados y tratamientos efectivos, pero algunos indicadores muestran un retroceso de aproximadamente 45 años”, dice a elDiarioAR Andrés Burke Viale, neumonólogo y co-coordinador de la sección Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR). “En aquella época, después de la descentralización de la administración sanitaria hacia las provincias durante la dictadura, los resultados no eran satisfactorios”, agrega.

Cinco años de aumento

Los casos nuevos y las recaídas pasaron de 9.944 en 2020 a 16.359 en 2025, un 64% más, según el Boletín Epidemiológico Nacional. Hasta la semana 40 de 2026 se acumulaban 11.286 casos, un 18% más que la mediana de 2022-2025 para el mismo período. El Ministerio de Salud atribuye la tendencia a los “determinantes sociales y sanitarios” y a la recuperación de la detección.

“Ya es el quinto año consecutivo que aumentan los casos, con lo cual este ya no es el efecto de la pospandemia, sino hay una circulación real de bacterias que se están contagiando”, explica en diálogo con elDiarioAR Santiago Jiménez, coordinador médico de la Casa Masantonio, un centro del Hogar de Cristo en Barracas que trata la enfermedad. “En algunas zonas ya superan los 100 casos cada 100.000 habitantes. Eso es una alta carga y queda diluido en la estadística nacional”.

La Casa Masantonio, en Barracas, es un espacio de contención y tratamiento de la tuberculosis en Argentina.

La Casa Masantonio, en Barracas, es un espacio de contención y tratamiento de la tuberculosis en Argentina.

“Creo que vamos a terminar nuevamente con unos 17.000 o 18.000 casos”, estima Burke Viale. “Y hablamos solamente de las personas a las que logramos diagnosticar”.

Entre los menores de 15 años, las notificaciones crecieron a un promedio del 19,1% anual entre 2020 y 2024, según el Ministerio de Salud. “Cuando un niño de cinco años tiene tuberculosis, generalmente significa que nadie sospechó que su madre, su padre, sus abuelos u otro adulto responsable de su cuidado tenía la enfermedad”, explica el neumonólogo. “El niño termina siendo la puerta de entrada al sistema sanitario cuando, en realidad, es el último eslabón de la cadena”.

Hacinamiento y paradores

“Las condiciones de hacinamiento, pobreza, indigencia y malnutrición agravan el problema”, dice Burke Viale. También menciona las jornadas de 16 o 18 horas en talleres de costura.

En la Casa Masantonio ven la cadena al revés: la enfermedad deja a la gente sin casa. “Estamos viendo que llega gente cada vez más frágil, que no pudo sostener el trabajo o que perdió el trabajo a causa de la enfermedad. Esto se llama los gastos catastróficos de la enfermedad”, explica Jiménez. “Alguien que sostiene un trabajo informal y con eso una vivienda se enferma, no puede sostener este trabajo, con lo cual pierde el alquiler porque lo paga semanal o mensual”.

“Estamos viendo muchos casos que se concentran en los centros de inclusión, en los paradores, donde hay mucha fragilidad y mucho espacio común compartido”, agrega. En la Ciudad, las personas en situación de calle pasaron de 4.049 a 5.176 entre 2024 y 2025, según el censo porteño. Siete de cada diez dormían en esos centros.

En diciembre, Marcela Natiello, excoordinadora del Programa Nacional de Tuberculosis, advirtió en una revista universitaria que las políticas contra la enfermedad no pueden ser solo sanitarias sino también habitacionales y alimentarias.

Una coordinación eliminada

A fines de 2024, el Ministerio de Salud de la Nación eliminó la Coordinación de Tuberculosis y Lepra, que encabezaba Natiello. La cartera habló de una reducción de cargos y sostuvo que sus funciones pasaron a la Dirección de Respuesta al VIH, ITS, hepatitis virales y tuberculosis.

El hacinamiento en los paradores representa un foco de transmisión de la enfermedad.

El hacinamiento en los paradores representa un foco de transmisión de la enfermedad.

“Se perdieron muchísimas líneas estratégicas de coordinación de varios efectores. Esto es una enfermedad que no respeta las áreas programáticas, no respeta los límites geográficos. Se necesita coordinar municipio, provincia, nación”, dice Jiménez.

El Presupuesto 2026 asignó $3.214,84 millones a la prevención y el control de la tuberculosis, pero en abril no se había ejecutado un peso. “La tuberculosis es un tema muy serio, no solamente porque no se ha ejecutado presupuesto, sino también porque sigue incrementándose de manera preocupante”, dijo en su momento Alejandra Sánchez Cabezas, presidenta de la Asociación Argentina de Salud Pública. El Ministerio informó que desde diciembre de 2025 distribuyó 40.500 cartuchos para diagnóstico molecular.

El desafío de completar el tratamiento

De los casos notificados en 2024, el 53,3% completó el tratamiento con éxito. El 16% perdió el seguimiento y el 7,5% murió: 1.263 personas. “No solo están aumentando los casos, sino que está muriendo más gente de tuberculosis, y eso significa que por alguna cuestión programática los tratamientos no están siendo exitosos”, dice Jiménez. “No porque la medicación no funcione, sino porque de alguna forma no está llegando”.

Cortar el tratamiento puede generar tuberculosis multirresistente. Burke Viale calcula unos 450 casos en 2025. “No alcanza con entregar medicamentos. Hay que acompañar al paciente para que termine el tratamiento”, plantea.

La Casa Masantonio busca a cada persona y le lleva la medicación. Más de la mitad de sus pacientes está en situación de calle. Entre 2019 y 2023, el 93,8% completó el tratamiento con éxito, contra el 70,2% con las estrategias habituales del AMBA. Lo midió un estudio de la Revista Panamericana de Salud Pública. “El sistema de salud atiende el problema, dispensa la medicación, atiende la enfermedad, pero no puede ver todos los condicionantes sociales que son críticos en esta enfermedad que pega mucho en la pobreza”, dice Jiménez.

Cuenta el caso de una paciente a la que llama María. Su pareja se enfermó de tuberculosis: la infección le llegó a la columna y lo dejó parapléjico. María lo cuida, tiene dos hijas y trabaja 12 horas como cajera. “¿Qué margen le queda para sostener retiros de medicación, turnos restringidos, controles? Es inviable”, dice.

“Lo que nosotros hacemos es armar una pequeña estructura y un pequeño paquete de cuidado que se va adaptando a las situaciones de cada persona”, explica. “No solo hay que cuidar que la gente tome la medicación, sino que tenga las herramientas para poder llegar al hospital, que tenga las herramientas para comer bien, para que la medicación funcione, para que no se reinfecte”, agrega.

“Es algo que se puede escalar con una estrategia de inversión inteligente y sabiendo que esta es una enfermedad infecciosa que, si no se frena, se multiplican todos los gastos del Estado”, concluye Jiménez.

LN/CRM