
Las innovaciones tecnológicas chinas están desestabilizando los mercados y la industria tecnológica estadounidense, que debate si prohibirlas o dejalas entrar en su ecosistema.
Durante el último mes, una serie de avances en las tecnologías chinas de inteligencia artificial, fabricación de microchips y robótica sacudieron los mercados financieros, provocaron divisiones entre los magnates tecnológicos de EE.UU. y dejaron a la administración Trump buscando respuestas a toda prisa.
Silicon Valley señaló durante mucho tiempo a la industria tecnológica china como una amenaza real y utilizó su crecimiento como argumento para exigir que las empresas estadounidenses quedaran eximidas de cualquier regulación que pudiera frenarlas. En las últimas semanas, sin embargo, el progreso de China hizo que los responsables de las empresas tecnológicas de EE.UU. pasaran de las advertencias vagas al desacuerdo abierto sobre cómo abordar el desafío chino.
La amenaza más inmediata para la situación actual de Silicon Valley proviene de una serie de modelos chinos de inteligencia artificial de código abierto y con pesos disponibles públicamente, que se pueden descargar y utilizar de forma gratuita. Estos modelos, como Kimi K3, de Moonshot AI, son lo suficientemente potentes como para competir en algunas aplicaciones con los productos de inteligencia artificial de código cerrado y comparativamente caros de OpenAI y Anthropic.
Luchar contra el enemigo o unirse a él
La irrupción de estas alternativas chinas de código abierto provocó divisiones tanto en la Casa Blanca como en la industria tecnológica estadounidense sobre si oponerse a estos nuevos modelos o adoptarlos. Por un lado, están los fabricantes de chips, que ven oportunidades de ingresos en el incremento del uso de la inteligencia artificial, y las empresas tecnológicas preocupadas por el creciente dominio de OpenAI y Anthropic en el sector. Por el otro, se encuentran las propias Anthropic y OpenAI, que ven peligrar sus márgenes de beneficio y sostienen que los modelos desarrollados en China plantean riesgos de seguridad.
La Casa Blanca está dividida de forma similar: aunque históricamente se mostró beligerante con la industria tecnológica china, recela de bloquear modelos de inteligencia artificial de bajo coste de los que muchas empresas estadounidenses pasaron a depender. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, sugirió en las últimas semanas que EE.UU. podría sancionar a las empresas chinas de inteligencia artificial por presunto robo de propiedad intelectual a empresas estadounidenses, mientras que el secretario de Comercio, Howard Lutnick, recibió cartas de fundadores de empresas tecnológicas emergentes que le pidieron que no cortara el acceso a los modelos abiertos.
En medio de las informaciones que apuntaban a que la administración Trump estaba evaluando prohibir o limitar el uso de los modelos chinos de código abierto, un nutrido grupo de grandes empresas tecnológicas —entre las que se incluyen Microsoft, Nvidia, Palantir y Meta— publicó recientemente una carta conjunta en la que instó a los legisladores a no imponer restricciones a los modelos abiertos. Paralelamente, el director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, acudió el martes al Capitolio para reunirse con los líderes de los partidos Demócrata y Republicano con el fin de presionar en favor del código abierto.
Las supuestas inteligencias artificiales incontrolables
Mientras enfrentaban la presión de China y de otras empresas tecnológicas, OpenAI y Anthropic revelaron en las últimas semanas que sus modelos de inteligencia artificial adoptaron comportamientos imprevistos o incontrolables durante una serie de pruebas de ciberseguridad, hasta el punto de llegar a atacar sistemas de organizaciones externas. El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, se reunió con legisladores y altos funcionarios de la Casa Blanca para debatir posibles controles sobre la inteligencia artificial tras el incidente. Esto obligó a Donald Trump a responder preguntas sobre si impondría nuevas restricciones de seguridad al desarrollo de la inteligencia artificial.
“Tenemos que ser cuidadosos en ambos sentidos. No queremos restringirlos para luego encontrarnos de repente en segundo lugar, detrás de China”, afirmó Trump, y añadió: “Conozco a muchas de estas personas. No quiero impedirles que hagan un gran trabajo”.
La prohibición de los robots chinos
Mientras la administración Trump debate eventuales controles de seguridad y límites a los modelos de inteligencia artificial de origen chino, esta semana tomó medidas concretas contra la cada vez más relevante industria robótica del país asiático. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) anunció la prohibición de los robots humanoides procedentes de China al considerar que suponen un riesgo inasumible para la seguridad nacional.
Los robots humanoides chinos de empresas como Unitree fueron protagonistas de numerosos videos virales este año, en los que mostraron su capacidad para bailar o interactuar con las personas cuando se los programa para hacerlo. La FCC alegó que estos robots también podrían robar datos o vigilar a los ciudadanos estadounidenses, además de representar una amenaza para la fabricación y las cadenas de suministro de EE.UU.
La decisión de la FCC intensifica la competencia entre EE.UU. y China por las tecnologías emergentes, en un momento en que el temor a la tecnología china sacudió los mercados financieros. Un informe publicado esta semana por The Information, que señaló que China había iniciado la producción en masa de chips especializados clave para el desarrollo de la inteligencia artificial, provocó una ola de ventas en bolsa que borró un billón de dólares del valor de mercado de otros fabricantes de semiconductores.
A medida que los avances tecnológicos producidos en China empiezan a rivalizar directamente con sus homólogos estadounidenses, las divisiones en Silicon Valley podrían intensificarse, los mercados volverse más inestables y la administración Trump verse sometida a una presión creciente sobre cómo frenar la influencia de China.



