En 1871 ocurrió algo prácticamente inédito en la historia, un episodio que se dio muy pocas veces: la clase obrera de París, enfurecida por su falta de poder político y harta de ser explotada (cualquier semejanza con la actualidad…), tomó el control de la capital y gobernó París durante dos meses: la Comuna estableció políticas a favor de un sistema progresista y antirreligioso que incluían la separación de la Iglesia y el Estado, la autovigilancia, la condonación de alquileres, la abolición del trabajo infantil y el derecho de los obreros a tomar empresas abandonadas.


