
El Presidente oficializó un estatuto que busca ordenar el ingreso al organismo a partir de 2027. En paralelo, crece el malestar en las delegaciones provinciales por el recorte de recursos. Puertas adentro, las dudas pasan por cuánto hay realmente de nuevo.
La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) vuelve a estar en transformación. Esta vez, Santiago Caputo puso la mira sobre una materia particularmente resistente a los sucesivos intentos de reforma de los servicios argentinos: sus propios agentes. Después de rediseñar el organigrama, redefinir funciones y prometer una inteligencia menos pendiente de las pequeñas guerras de la política doméstica, Javier Milei oficializó ahora un nuevo estatuto que modifica las reglas para entrar a La Casa, hacer carrera y ascender dentro de su estructura.
La reforma había sido anticipada el lunes por la propia Secretaría y quedó plasmada dos días después en el Decreto 1021/2026, publicado en el Boletín Oficial. La norma reemplaza el régimen que regulaba al personal desde 2003 y comenzará a regir el 1° de enero de 2027. En el Gobierno hablan del nacimiento de una verdadera “carrera de agentes” basada en “la idoneidad, el mérito, la transparencia y la profesionalización”, conceptos no siempre fáciles de encontrar juntos en la historia de los servicios argentinos.
Sebastián Pareja, titular de la Bicameral de Inteligencia, junto al Señor 5, Cristian Auguadra, Diego Kravetz y José Lago Rodríguez.
El rediseño llega, además, acompañado de una caja considerablemente más robusta. El proyecto de Presupuesto 2027 destina $181.472 millones a la SIDE, un 87% más que los $97.135 millones con los que había comenzado 2026. La comparación, sin embargo, requiere una salvedad: durante este año Milei reforzó los fondos de inteligencia en casi $80.000 millones y llevó el crédito vigente hasta $176.916 millones.
El nuevo estatuto es, en ese contexto, otra instancia más de un cambio que se pretende mucho más profundo. Cuando el actual titular del organismo, Cristian Auguadra, llegó al quinto piso de 25 de Mayo 11, a fines del año pasado, Caputo ya preparaba la reorganización que terminó plasmada en el DNU 941, firmado por Milei el 31 de diciembre. Aquella norma volvió a repartir funciones dentro de La Casa, pero introdujo también una facultad que chocaba con uno de los principios que el asesor decía querer imprimirle a la nueva SIDE: sacar progresivamente a los espías de la inteligencia interior y hacerlos mirar más allá de las fronteras argentinas.
Es que aquel decreto habilitó a los agentes a aprehender personas ante determinadas circunstancias, una atribución de naturaleza más cercana a las fuerzas de seguridad que a la central de inteligencia exterior que imagina Caputo y que provocó cuestionamientos desde su publicación. La contradicción tampoco pasó inadvertida dentro del Gobierno. “Lo vamos a corregir”, admitieron a elDiarioAR fuentes al tanto de la reforma.
La sede central de la SIDE, en 25 de Mayo 11, a escasos metros de la Casa Rosada.
¿Vuelve la Escuela?
La pieza central del nuevo esquema sería la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI), que funciona en la calle Libertad al 1235, en una antigua residencia de estilo francés que perteneció al expresidente Victorino de la Plaza, una casona de amplios salones y jardines incrustada entre los edificios del barrio porteño de Retiro. Allí funciona una institución que durante años perdió buena parte del peso que alguna vez tuvo como puerta de entrada a La Casa.
De acuerdo al decreto presidencial, la SIDE deberá abrir anualmente una convocatoria para su Curso Básico de Ingreso y quienes consigan aprobarlo podrán incorporarse bajo un período condicional de hasta un año. Puertas adentro imaginan una selección inspirada en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN): un examen competitivo y con exigencias académicas que haga para los futuros espías algo parecido a lo que el instituto de Cancillería hace con quienes aspiran a convertirse en diplomáticos.
La casona en la que funciona la ENI y su nuevo escudo.
La apuesta supone devolverle a la ENI una función que el propio sistema fue desdibujando con los años. Además de seleccionar a los nuevos agentes, tendrá a su cargo su formación posterior y podrá establecer acuerdos con universidades e instituciones argentinas y extranjeras. La paradoja es que semejante relanzamiento comienza con una pregunta bastante elemental: quién estará al frente de la Escuela cuando llegue el momento de ponerlo en práctica.
Su director es Juan Bautista “Tata” Yofre, cuya continuidad quedó en el centro de rumores durante las últimas horas. El exjefe de la SIDE en tiempos menemistas salió a desmentir una salida y contó en Xque, después de una “larga conversación” con Auguadra, ambos coincidieron en que “lo importante es la unidad del organismo para servir a nuestro presidente y al país”. La aclaración pública, sin embargo, convive con movimientos previos. Según pudo saber elDiarioAR, Yofre viene pensando desde hace meses en dejar el cargo y ya había transmitido esa intención. Sin embargo, cerca suyo dejan en claro que, si finalmente decide marcharse, será en buenos términos y no como consecuencia de una pelea con la conducción.
Cuánto hay de nuevo
La presentación oficial promete una ruptura bastante más profunda de la que algunos avezados del organismo encuentran cuando bajan a la letra del estatuto. Los escalafones, las jerarquías, la capacitación, la estabilidad y el régimen disciplinario no nacieron con este decreto: con diferentes formatos, ya formaban parte de las reglas que ordenaron la vida interna de La Casa. “Hay modificaciones, pero también bastante de presentar con otro envoltorio cosas que ya existían”, resumió a elDiarioAR una fuente con experiencia en el sistema de inteligencia.
La promesa más ambiciosa acaso sea otra. En el comunicado con el que presentó la reforma, el Gobierno aseguró que pretende construir un cuerpo de inteligencia “despolitizado”, una definición particularmente difícil de separar de la historia del organismo que busca transformar. La SIDE acumula desde hace décadas verdaderas capas tectónicas de agentes identificados, vinculados o referenciados en los distintos espacios políticos que fueron pasando por el poder. Radicales, peronistas, kirchneristas y macristas dejaron en diferentes momentos cuadros propios o funcionarios asociados a sus administraciones.
La puerta de 25 de Mayo 11, sede central de la SIDE, a metros de la Casa Rosada.
La gestión de Milei tampoco llegó a La Casa desde afuera de esa lógica. Durante sus primeros años hubo incorporaciones directas en posiciones jerárquicas y fuentes del sistema cuestionan que algunos de esos desembarcos se produjeran sin experiencia significativa en inteligencia. Una de ellas describió “una cantidad importante de gente que llegó sin conocer el oficio y directamente a puestos altos”.
El cambio potencialmente más importante está, por eso, en la puerta de entrada. La convocatoria periódica y el examen de la ENI apuntan a reducir el margen para los nombramientos directos, aunque tampoco la planta condicional constituye una novedad. “Si hay algo que puede marcar una diferencia es que entrar deje de depender de quién te lleva y vuelva a existir un mecanismo regular de selección”, explicó una fuente con experiencia en el sistema.
El verbo no es casual. Según reconstruyó, hasta la entronización de Antonio “Jaime” Stiuso como figura dominante de la inteligencia en 2002 existían concursos para incorporarse al organismo, una práctica que después comenzó a perder peso. “A partir de ahí se dejó de concursar y la Escuela se fue vaciando de sentido. La ENI dejó de ser realmente la puerta de entrada a la SIDE”, resumió la fuente.
En 2004, Gustavo Beliz mostró por primera vez el rostro de Stiuso en televisión, lo que le costó un juicio y años de exilio.
Del organigrama a la realidad
La distancia entre lo que se anuncia y aquello que efectivamente puede hacerse aparece también en la transformación más amplia que Caputo viene impulsando. Desde comienzos de año, la conducción presenta como objetivo orientar a La Casa hacia la inteligencia exterior. Detrás está una vieja aspiración del asesor: construir una suerte de “CIA argentina”, una central menos concentrada en la dinámica interna —terreno en el que, consideran oficialmente, solo debe moverse el Ministerio de Seguridad— y con mayor capacidad para obtener y analizar información sobre amenazas y actores externos. El problema es que una doctrina puede modificarse mucho más rápido que las capacidades necesarias para ejecutarla.
Fuentes con experiencia dentro del sistema advierten que todavía faltan estructuras propias de obtención de información fuera del país y cuadros analíticos especializados capaces de procesarla. “Podés decidir que ahora querés mirar al mundo, pero eso no significa que de un día para otro tengas los ojos para hacerlo”, graficó una de ellas.
Santiago Caputo, el asesor de Milei que maneja las riendas políticas de la SIDE.
Malvinas ofrece un buen ejemplo. La SIDE produjo este año informes sobre el proyecto petrolero Sea Lion que llegaron hasta Milei y reconstruyó parte de la actividad alrededor de las islas mediante imágenes satelitales y el seguimiento de buques. Pero fuentes críticas del organismo señalan que buena parte de ese material podía obtenerse a través de fuentes abiertas y que no existe todavía una estructura propia de reunión alrededor de las islas que permita presentar ese trabajo como la demostración de una nueva capacidad operativa exterior.
La transformación tiene, además, un costo interno que comenzó a sentirse lejos de la sede central. El repliegue territorial que acompaña al nuevo modelo alcanzó a las delegaciones provinciales de la SIDE, donde distintas fuentes describen un clima de malestar por el ajuste de recursos. Mientras la conducción busca concentrar capacidades en Buenos Aires y privilegiar las nuevas prioridades del organismo, en otros puntos del país los agentes sienten que el rediseño se traduce, por ahora, principalmente en menos margen para trabajar. “Se la están llevando toda y a nosotros nada”, resumió, en extrema reserva, uno de los afectados.
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