Una cepa altamente mortal está arrasando en la República Democrática del Congo, con una tasa de mortalidad del 50% y sin vacunas ni tratamientos eficaces disponibles.

Los informes sanitarios indican que, de cada dos individuos contagiados, uno fallece, lo que ha desencadenado una profunda alarma en la población y las autoridades de salud. La propagación de la variante se ha intensificado rápidamente, superando los esfuerzos de contención locales.

Hasta el momento, la comunidad médica no cuenta con una vacuna aprobada ni con un fármaco capaz de detener la transmisión del virus, lo que obliga a reforzar medidas preventivas y a buscar apoyo internacional para enfrentar la crisis.