Mientras diversos enfoques terapéuticos hacen alarde de la rapidez y la estandarización de los protocolos, el psicoanálisis sigue ocupando un lugar singular en el campo del cuidado psíquico. De manera demasiado frecuente es reducido en el imaginario colectivo a una práctica en la que el paciente habla y el analista escucha, se apoya sin embargo sobre un corpus teórico y clínico riguroso cuyo rango supera ampliamente la simple recepción pasiva de la palabra.