América Latina y el Caribe atraviesan un nuevo recrudecimiento de la ofensiva neocolonial. Su matriz aparece descripta en la doctrina de la Guerra de Cuarta Generación (G4G), una modalidad híbrida de intervención que ya no se limita al terreno militar. Uno de sus frentes principales apunta a condicionar los procesos electorales de la región mediante presiones económicas, maniobras financieras y operaciones mediático-culturales. En esa lógica, el objetivo no es derrotar a las fuerzas armadas de un país, sino erosionar su capacidad soberana hasta convertirlo en una entidad incapaz de decidir sin consulta, aprobación o beneplácito de los centros de poder global de Occidente.