El reclamo por Malvinas surgió en el Mundial con el nervio de un problema estructural y se incrustó en la coyuntura política. Frenó la aprobación de la ley de extranjerización de la tierra, que el oficialismo presentó con el nombre embustero de “inviolabilidad de la propiedad privada”. Y a su influjo aumentó la imagen negativa del gobierno y disparó una interna que no estaba prevista.