El gesto del seleccionado nacional de reivindicar la soberanía sobre las Islas Malvinas tras finalizar el partido contra Inglaterra fue un hecho político, identitario y de fuerte repercusión internacional que dejó en evidencia el desinterés y el desprecio que tiene el Gobierno por la causa. El Presidente, que se declaró fanático de Thatcher y reivindicó el derecho a la autodeterminación de una población implantada, en contradicción con la postura histórica de la Argentina, se vio obligado a sobreactuar una agenda de defensa de la soberanía inexistente para la Casa Rosada. Después de casi tres años de desmalvinizar el Estado, Milei aseguró que “cada día estamos más cerca de la recuperación de las islas”. Una falacia que se apoya en la esperanza de que su subordinación a los Estados Unidos lleve a Donald Trump a reconsiderar la política norteamericana sobre las islas. “La última persona que pensó que, en caso de que escalara un conflicto entre la Argentina y el Reino Unido, Estados Unidos iba a apoyar al país fue Galtieri, y así nos fue”, dijo a este diario Daniel Filmus, exsecretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas. En las redes, la conversación digital sobre el Presidente y las islas registró un 66,7 por ciento de negatividad a raíz de sus declaraciones y de la posición del Gobierno sobre el tema.