En el conurbano norte, a mediados de los setenta, mi madre tomó la decisión de asegurar la casa con llave, una medida que marcó una rutina distinta en nuestro barrio de casas con patios y rejas onduladas.

Hasta entonces, la puerta sólo se cerraba al anochecer y, una vez que alguien salía por la mañana, quedaba abierta sin volver a cerrarse. La decisión de mi madre de mantenerla siempre cerrada cambió esa costumbre y quedó grabada en mi memoria.

Ese mismo periodo estaba marcado por la aparición de yucas como planta de moda, acompañando la tendencia de los muebles chipendale, mientras la juventud adoptaba una actitud cada vez más rebelde y revolucionaria.