Por una desierta avenida Alberdi pasa un utilitario con un embanderado colgado, sentado en la ventanilla del acompañante, medio cuerpo afuera, al grito de “vaaaamoooo’ Seleciónnn”. “Qué locura el fútbol, amigo”, le dice un muchacho a otro en la parada del Metrobús, testigos privilegiados del temprano festejo tras el infartante paso de la Selección argentina a octavos de final en el recién consumado triunfo por 3 a 2, en el alargue. Atrás viene un delivery tocando bocina sin parar.