La faena bovina cayó en el primer semestre de 2026 a su nivel más bajo de la última década, pero detrás de ese dato hay un cambio más profundo en la cadena ganadera: cada vez más productores retienen hacienda para engordarla y venderla al exterior, reduciendo la oferta disponible para el mercado interno. Mientras las exportaciones ganan atractivo por los mejores precios internacionales y la flexibilización del comercio exterior, frigoríficos y consumidores enfrentan las consecuencias de un mercado con menos animales disponibles y una presión creciente sobre los precios de la carne.