La alta tecnología de Silicon Valley combina temores de fin del mundo con una ideología tecnofascista, persiguiendo la inmortalidad mediante cuerpos artificiales y la conexión directa al cerebro con inteligencia artificial.

Los líderes del sector tecnológico están promoviendo la idea de superar la condición humana mediante implantes, nanomateriales y redes neuronales que enlazan a las personas con sistemas de IA, con el objetivo de crear una nueva clase de seres diseñados.

Esta corriente, que algunos describen como una mezcla de futurismo extremo y autoritarismo, se alimenta de profecías de catástrofe y busca preparar a la humanidad para un supuesto Armagedón, ofreciendo la promesa de una existencia no orgánica como solución definitiva.