Tres guardias fueron secuestrados en la unidad penitenciaria de Lavalle, una de las más sobrepobladas de la capital, y solo uno permaneció como rehén durante cinco horas antes de ser liberado.

Los internos, que superan la capacidad oficial de la cárcel, lograron retener a los tres agentes, liberando a dos de inmediato mientras el tercero fue mantenido cautivo durante varias horas.

Las fuerzas de seguridad intervinieron con equipos especiales, empleando gas lacrimógeno, disparos de arma de aturdimiento y herramientas de corte para abrir las rejas y poner fin al asalto.