“No pueden ser británicas para siempre”. Las declaraciones del periodista Simon Jenkins en el periódico inglés The Guardian sobre las Islas Malvinas fueron lúcidas y certeras, como una invitación a revisar críticamente el futuro cercano de un imperio que, ya en plena decadencia desde mediados del siglo pasado, se asoma ahora a nueva etapa, signada por debates y discusiones sobre la pertinencia, en pleno siglo XXI, de un sistema colonial, sin duda alguna, vetusto y anquilosado.