El autor, aficionado a los osos de peluche, decidió exhibir sus 62 piezas en La lengua, gracias al impulso de la artista Fernanda Laguna y el apoyo de los curadores Feda Baeza, Rodrigo Barcos, Santiago Villanueva y Macs Zimmermann.
Tras recibir el consejo del filósofo Luis Ignacio García, quien insinuó que la colección podía volverse obsesiva, el coleccionista siguió adquiriendo nuevos ejemplares en Mercado Libre durante la madrugada, a pesar de sus reservas ideológicas contra su creador. La visita de la artista Fernanda Laguna lo convenció de presentar la muestra en el espacio cultural La lengua, un lugar de ambiente ecléctico y de gestión independiente.
Las cuidadoras del autor, impacientes, almacenaron los osos en bolsas de consorcio y los acomodaron entre los estantes de la biblioteca, otorgándoles el mismo valor que a los libros que ya no puede alcanzar por sí mismo. Además, recordaron que numerosos artistas han utilizado osos de peluche en sus obras, mientras una mujer, frecuentemente reclinada en cama tras un ACV, también forma parte del relato que rodea la exposición.



