
La carta de despedida de Lionel Messi, escrita a mano dos días después de la final del Mundial, abre una reflexión sobre el paso del tiempo, la originalidad y el vacío que deja el final de una era. Entre Maradona y Messi, varias generaciones de argentinos crecieron al amparo de dos genios capaces de volver eterno lo que, inevitablemente, también tenía fecha de vencimiento.
El emotivo video con el que Messi anunció su despedida de la Selección argentina
El género epistolar recibió hoy un homenaje inesperado. Además de una melancolía insoportable, la carta de despedida de la Selección de Lionel Andrés Messi nos recuerda que debajo de las interminables capas de genialidad que cubren y elevan al crack rosarino, palpita también el don de la originalidad, uno más entre tantos atributos que lo hacen único.
En pleno siglo XXI, en tiempos de reinado de la IA, la publicación de un mensaje escrito con letra imprenta parece un hecho contracultural, sin tiempo.
Esa demostración de originalidad, una propiedad que se manifestó cientos de veces en el campo de juego a través de decisiones que parecían romper la Matrix, dialoga con algunos otros “gestos de autor” del pasado, como aquel que le dedicó a Diego Maradona en 2020, días después de la muerte del héroe de México. Aquella vez su acto –mostrarle al mundo una camiseta icónica, como la de Newell´s– fue pura imagen. No se necesitaron palabras.
La carta de despedida de Lionel Messi
Lo de hoy tuvo algo más. Porque la foto nos muestra la lapicera con la que escribió la carta, lo que no hace más que enfatizar el aspecto artesanal, anacrónico o decimonónico, de todo el asunto. Pero también está el contenido del mensaje. Messi, nos informa allí, escribió la carta dos días después de la final del último Mundial. Su padre estaba agonizando y él había vivido –como todos nosotros– una exuberante cantidad de estímulos en los días anteriores. Estaba exhausto, como quedó claro en la final. Y allí se produce otra anomalía, si se quiere, y tiene que ver con algo que él también se encarga de aclarar: nos cuenta que tuvo la necesidad –la pulsión– de sentarse a redactar esa carta. Era un hombre arrasado que necesitaba hacer catarsis. Y lo hizo como lo hace la especie desde que es especie: escribiendo en silencio, contándolo todo. Un mes después, nos revela su interior, una mezcla de despedida pero también de homenaje y agradecimiento a la trepidante aventura vivida.
Y allí nos recuerda que el viaje tuvo de todo, que fue una suerte de melodrama larga duración, con más alegrías que tristezas; una serie que duró más de 20 temporadas y que, de tan intensa y apasionante, fue superior a cualquiera de las franquicias de Disney. Tanto que, en su última aparición, cuando ya no esperábamos demasiado del héroe porque ya nos había dado demasiado, nos ofreció una actuación épica y conmovedora. A los 39 años, ante Inglaterra, el 10 de la Selección discutió mano a mano con la física del tiempo.
Lo concreto es que hoy comienza la era post Messi. Todos sabíamos que este día estaba cerca, pero no por anunciado duele menos o deja de ser menos crudo. Lo que emerge es una inevitable sensación de desamparo. Al menos dos generaciones de argentinos crecieron y salieron al mundo con él y han estado acompañados por su aura. Messi ha sido un pilar fundamental en sus vidas, es decir, ha sido quizás lo único estable. Otras tres generaciones, las que vivieron bajo el influjo maradoniano, tuvieron la bendición de ver en vida y disfrutar a un genio tan grande como aquel. Entre ambos protagonizaron diez mundiales. Una cima tras otra.
“El tiempo vuela o no pasa”, es una frase hecha que se repite en algunos países. El genio de Rosario nos recuerda que ambas cosas pueden ser ciertas. Porque estando a su lado, el tiempo no pasaba nunca. Su hechizo parecía eterno: duraba más que las estaciones, más que los gobiernos, más que las modas. Más que el ídolo de tu club, que un matrimonio, que las zapatillas que más te gustaban, que Del Potro, que los veranos con tus amigas. Messi con la 10 era una parte quintaesencial de nuestras vidas.
Pero también el tiempo vuela, y el retiro de Messi nos recuerda que el del calendario es uno de esos asuntos para el que no encontramos respuesta. Pestañeamos y terminamos el secundario. O murió un familiar. O nos salieron canas. O aquello que te gustaba, dejó de hacerlo. Alguna vez, un Borges crepuscular, respondió en una entrevista: “Hay algo que siempre me interesó y aún me aterró desde que yo era niño. Ese algo es el problema del tiempo, la perplejidad del tiempo, el infinito remolino del tiempo”.
PP/MG



