Una tormenta silenciosa se despliega, sin truenos ni vientos violentos, pero cargada de incertidumbre que afecta a todos los que la sienten.
Existen tormentas que anuncian su llegada con relámpagos, nubes densas y ráfagas que parecen preparar una batalla en el cielo. En contraste, otras se manifiestan sin ruido alguno, sin espuma en el mar ni velas rotas, dejando su huella en la mente más que en el paisaje.
Esta es la crónica de una de esas tormentas invisibles, una fuerza sutil compuesta de dudas y temores que, aunque no se ve, se percibe en cada rincón donde se extiende.



