Si se leen las entrevistas, artículos e infinidad de ensayos sobre Duras se tiene toda la impresión de que se trata de variaciones que ella es la que escribe. Tal su poder de sugestión. Un ejemplo está en “Los espacios de Marguerite Duras”, reportaje de Michelle Porte, documentalista que la reportea en 1997 en su casa en las afueras de París. Cabe consignar que el mismo fue editado por Nocturna editora, la misma que viene publicando a Anne Dufourmantelle. El reportaje de Porte apunta a sus espacios de escritura pero, como ocurre siempre con la gran Duras, deriva en un reportaje ilustrado con fotos de su archivo personal, donde anuda y desanuda su relación existencial con la escritura, su razón de ser y estar en el mundo. “Existe una diferencia esencial entre una mujer que ha tenido hijos y una que no, le dice Marguerite Duras a Michele Porte. “Concibo el parto como una culpabilidad. Como si soltáramos al hijo, lo abandonáramos. Lo más cercano que he visto al asesinato son los partos. La salida del niño, que duerme por completo, la increíble placidez, que se despierta. Tal vez la maternidad se vive en parte así. Creo que sabemos muy poco sobre estas cosas. Pululan los rumores, y estamos instalados en el prejuicio. Es cierto, es un asesinato. El niño es como un bienaventurado. La primera señal de vida es el aullido de dolor. Cuando el aire llega a los alvéolos pulmonares del niño se produce un sufrimiento indecible, y la primera manifestación de la vida es el dolor”.